Pablo Romero Montesino-Espartero

Pablo Romero Montesino-Espartero
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Camarote desde donde fueron escritas algunas de estas cartas-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Con este blog pretendo ir recopilando las cartas escritas por mi hermano Pablo Romero M-E, dirigidas a la familia, durante sus primeros años de navegación tras terminar su carrera de Marino Mercante allá por el final de la década de los años cincuenta, principio de los sesenta-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------.

domingo, 13 de noviembre de 2016

CARTA DESDE LIVORNO

Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero                                           
         

 
A bordo del "Sincerity" navegando por el canal de kiel 1967

 

Carta nº 80

De una carta a la familia    
Matadi, 21 Julio 1972
                        

 
                                                                    
 
    Encontrar a Rosa esperando que el “Randa” atracara en los muelles de Valencia ha sido para mi una de las cosas más maravillosas que me han sucedido en la vida. A medida que el barco iba aproximándose al muelle y su imagen se iba agrandando en mis prismáticos, mi corazón se iba acelerando como  una locomotora desbocada. Hacía meses que la había dejado en Cáceres en una despedida con besos con sabor a sal de lágrimas. Fue una de las experiencias más duras de mi vida, y por la que estoy decidido a dejar la mar.
    Los meses pasados con ella en nuestro pisito cacereño han supuesto para mí un periodo de plena felicidad, de ilusión compartida y de amor como no había conocido jamás. El cariño que pone en todo cuanto  pueda agradarme me parece inmerecido por mi parte y no hago más que dar gracias a Dios por haberla puesto en mi camino.
    Mi camarote es muy grande, con despacho y salita de estar. Desde que ella embarcó tengo que echar a mis compañeros casi a palos. Sé que vienen solo a verla, y al telegrafista yugoslavo le resulta difícil apartar los ojos de mi Rosina. Toman sus cervezas y no hay forma humana de que se vayan del camarote. Lo mismo les sucede al Capitán y a los pasajeros franceses que traemos desde el Congo, cuando el primero, nos invita al aperitivo en su sala de estar. Me siento halagado y orgulloso de ella y de cómo se maneja cuando tenemos visita.
    En el Golfo de León, camino de Marsella, hemos encontrado tiempo bastante duro. El barco cargado con una cubertada de troncos se movió lo suyo, dando bandazos que a uno lo sacan de la cama. Bajé del puente para ver como se defendía y me sorprendió verla sonriente y agarrada a la cama como a una farola. Me la llevé al puente y pude disfrutar mostrándole al otro Pablo que no conocía. Siempre he tenido como asignatura pendiente el que alguien de la familia pudiera ver al Pablo responsable, en su quehacer diario. Después de catorce años de navegación, ha sido ésta la primera vez que esto sucede.
    Ha quedado muy sorprendida de ver como mi camarero de color y de nacionalidad congoleña, jamás nos da  la espalda al retirarse. Son viejas costumbres coloniales que uno no sabe hasta que punto deberían  permanecer, pero ahí están. 
    El otro día en Marsella disfrutamos haciendo turismo y comiendo  una cocina francesa  deliciosa, acompañada de un buen borgoña y quesos sabrosísimos. No es que te pongan una tabla de quesos, es que traen un carrito de tres “pisos” con más de diez  clases diferentes  a cual más delicioso. En España, los buenos restaurantes deberían tomar nota.
     Como ya os dije en cartas anteriores, tenemos intención de pasar en Cáceres la Nochebuena, por lo que en cuanto me llegue el relevo desembarcaremos en este puerto para volar desde Génova a Milán y Madrid. Tengo alquilado un coche para hacer un recorrido por la Riviera italiana antes de abandonar Italia.    
    Termino esta carta sentado en una terraza en Portofino. Hemos desembarcado y en coche hemos estado en Rapallo Santa Margarita y Génova. Hemos disfrutado de lo lindo con los paisajes a lo largo de toda la Riviera. El hotel en que nos hemos instalado en Portofino, tiene unas vistas preciosas hacia la bahía, salpicada aquí y allá de preciosos yates fondeados Es un pueblecito con mucho colorido rodeado de una mar azul de aguas transparentes y un puerto casi de juguete presidido por magnificas mansiones
en su costa más cercana. Han sido unos días que en cierta medida me recuerdan a nuestra luna de miel.
Tomaremos el avión en Milán y pasaré la Navidades con Rosa en nuestro pisito cacereño. ¡Un sueño hecho realidad¡
 
Pablo