Pablo Romero Montesino-Espartero

Pablo Romero Montesino-Espartero
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Camarote desde donde fueron escritas algunas de estas cartas-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Con este blog pretendo ir recopilando las cartas escritas por mi hermano Pablo Romero M-E, dirigidas a la familia, durante sus primeros años de navegación tras terminar su carrera de Marino Mercante allá por el final de la década de los años cincuenta, principio de los sesenta-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------.

miércoles, 21 de mayo de 2014

ANÉCDOTA

Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero


 Con el Comandante triestino Cosín en el aeropuerto de Fiumicino 1968
 
Carta nº 40

                                                       (De una carta a la familia)
                                                  A bordo del San Salvador

 

    Llevamos cerca de dos meses con nuevo capitán. Embarcó en Génova, es italiano y afiliado al Partido Comunista a pesar de haber pasado cuatro años de su vida prisionero de guerra en Rusia.

 Es un tipo extraordinariamente delgado, descuidado en el vestir, más bien bajo, de buen carácter, pero reservado, desconfiado, fumador empedernido y que llega para sustituir a mi buen amigo el capitán Cosín, también italiano y gran profesional que ha desembarcado por vacaciones.

    A los pocos días de embarcar notamos en él cosas muy extrañas, como por ejemplo que sólo comiera pan y queso, acompañado de solo café y en manera muy esporádica algo de pasta. Como  Segundo Piloto llevo también la contabilidad del tabaco de a bordo y he llegado a la conclusión de que fuma diariamente cinco y hasta seis paquetes de cigarrillos.

    Hace unos días le sorprendí en su mesa de trabajo con un cigarrillo encendido en el cenicero, otro entre el dedo corazón y el índice de la mano izquierda y un tercero entre el  corazón y el anular de la misma mano.

    Al entrar en su despacho me sorprendió de tal forma que le pregunté a “bote pronto”:

“Capitán, ¿los fuma ahora de tres en tres?”

Se miró la mano y como si le hubiera dado un calambre los largó al suelo sobre la moqueta.

    Si esto es sorprendente, lo es mucho más su extraña actitud y comportamiento.

      La puerta del puente de mando del San Salvador - que como Liberty americano está concebido con el mayor pragmatismo – comunica directamente con el despacho del Capitán, por tanto cuando ambas puertas están abiertas, el oficial de guardia puede verle sentado ante su mesa de despacho a una distancia de unos seis metros; en cambio,  y durante la navegación nocturna, el puente siempre permanece a oscuras, por lo que es difícil que desde su mesa pueda ver los movimientos del oficial.

    Todo esto viene a colación porque durante mi guardia, le veía manipular una especie de cinta negra en doble, mientras hacía cálculos sobre un papel. Dejaba el lápiz sobre la mesa y cogía la cinta con los dedos pulgar e índice de su mano derecha, volteándola a veces y otras, con los mismos dedos la hacía girar como una perindola por la doblez. Paraba, depositaba cuidadosamente la cinta sobre sus muslo derecho, volvía a sus cálculos y a los diez minutos repetía la acción así durante el tiempo que permaneciera sentado. Tanta era mi curiosidad por saber que juego era ese, que me decidí a observarle con los prismáticos desde el puente a oscuras, llegando a la conclusión de que era una simple cinta negra y nada más.

    En momentos de niebla o en maniobras de atraque en puerto, desaparecía y se metía en el cuarto de derrota, sorprendiéndole en más de una ocasión con la cinta en ristre que en un santiamén se metía en el bolsillo en cuanto me veía aparecer. Aquello me tenía tan intrigado que no pude aguantar la tentación y un buen día que le sabía lejos de su despacho, entré en él, abrí el cajón en el que  la guardaba después de cada sesión y la tuve por fin en mis manos.

    No era ni más ni menos que lo descrito. Una cinta de seda negra en doble, que de tanto manipularla y girarla se le había formado en la doblez una especie de chupete sucio de tanto manoseo.

    Aún hoy me pregunto el por qué de esa manía en los momentos difíciles o de nerviosismo. En nuestras amigables charlas durante la navegación, solía contarme historias de su cautiverio y me leía párrafos de su adorado libro rojo del “Manifiesto Comunista”. Nunca entenderé que después de sus sufrimientos en Rusia, se hiciera comunista, y es que como dicen en Andalucía, “hay gente pa to”.
 
Pablo

martes, 29 de abril de 2014

VENECIA

Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero
 
 
 
Viaje Venecia-Takoradi (Costa Yugoslava), 29 de Agosto de 1964


 
Carta nº 39

De una carta a la familia

 
    Me hubiera gustado al final de cada jornada transcurrida en Venecia, contaros cuanto había conocido, disfrutado...amado. Pero el tiempo, nuestro inexorable enemigo en cada puerto, me ha impedido llevar a cabo tan sanas intenciones.

    Han sido diez días vividos intensamente y contra-reloj, hasta el punto de tener que aprovechar la playa o  el “vaporetto” que desde el puerto me trasladaba hasta San Marcos, para dormir y poder tenerme en pie...¡una locura, sí, pero qué maravillosa locura¡

    El viaje en sus 4.385 millas náuticas desde Takoradi en el Golfo de Guinea, se desarrolló con absoluta y monótona normalidad  hasta la última singladura, la número 19. En ella y aún con las imágenes selváticas del Africa Occidental en mi memoria, aparecieron por nuestra proa, las cúpulas más altas de la increíble ciudad de Venecia sobresaliendo majestuosas tras un horizonte nítido, casi tangible, en una mañana hermosa y azul. Atrás habíamos dejado el intrincado laberinto de las islas yugoeslavas y el paso entre Visebo y Vis. Dicen que es la isla en la que el mariscal Tito pasa sus vacaciones. Lo cierto es que tiene su emoción pasar rozando las costas de un país al que a los españoles nos está prohibido visitar según reza nuestro pasaporte.

    Lo que en un principio nos pareció un espejismo, una broma cruel de la naturaleza, poco a poco se fue convirtiendo en ese conjunto armónico de luz, arte y color, que es la Villa del León Alado.

    ¡Gracias Dios mío, gracias inmensas...que bueno has sido conmigo¡

    ¡Qué deseos tan grandes de vivir¡ ¡Cuánto orgullo europeista...¡

    ¿Por qué se muere ignorando tanta belleza? Me imagino que por idéntica razón por la que pasamos a mejor vida sin haber leído las obras maestras de la literatura universal, admirado a través de sus cuadros el genio casi divino de tantos maestros del color o sin haber sentido en nuestros oídos la suave caricia de La Pastoral, por ejemplo.

    Venecia es...Venecia es indescriptiblemente hermosa. No existen palabras, ni calificativos capaces de describirla o pintarla. Quizás la música pudiera amalgamar y fundir en una sinfonía, su arte, su arquitectura, su historia, su romanticismo...y dudo mucho que consiguiera, a pesar de la espiritualidad de aquella, reflejarla fielmente.

    Me daban pena los que en el silencio sobrecogedor de sus canales, no podían sentir en aquellas noches cálidas y de cielos estrellados, los latidos cercanos de un corazón femenino, ni podían ver en los ojos de una austriaca de Innsbruck, los Alpes eternamente nevados, ni en la oscuridad sentir en sus labios el sabor salado con que todo se impregna en el Adriático.

    Me daban lástima cuántos no pudieron escuchar desde lo alto del Campanil, la música de Rossini que subía intacta desde la plaza hasta lo más alto de la torre. Ni acariciar sus enormes campanas de bronce, ni contemplar el fabuloso escenario en el que los siglos parecían dormir encantados por la batuta del mago que dirigía la orquesta allá abajo.

    Sentí lástima también por quienes no pudieron ver aquella majestuosa ascensión del sol tras el verde, rosa y oro de San Marcos mientras sus torres lanzaban al aire mil acordes de bronce, rompiendo con su estruendo la diáfana mañana...

    ¡Cuánta felicidad y cuánta amargura¡

    Cuando mi barco en su búsqueda de la salida al mar, pasaba ante San Marcos y el Palacio Ducal dejando lentamente por su popa, La Salute, San Giorgio, Murano ...cuando la última paloma se llevó prendida en sus alas la última nota de aquellas campanas, con ella y confundida en apretado abrazo se fue gran parte de mi alma. Había sido todo tan bonito que me pareció despertar de un sueño en el momento en que por nuestra proa solo había agua y solo agua.

    En un instante afluyeron a mi mente y en desordenado tropel mil cosas  que nunca podré olvidar. Sus ojos, sus manos, sus labios, sus cabellos...cada fuente, cada callejuela por donde había pasado con ella en nuestro afán de conocer los lugares más pintorescos y románticos, ligados a esos momentos que dejan huella perenne en nuestro corazón, los que solo el silencio puede describir.

    Atrás quedaban los baños en el Lido, el Lacrima Christi en copas de Murano, nuestros paseos por el Gran Canal, los cafés en San Marcos escuchando las “orchestrinas” o el amanecer en las escalinatas de La Salute...

    He sentido como el mundo se me venía encima...todo había terminado, no la vería más, no podría volver a besarla, ni oiría el tono dulce de su voz, ni sentiría en mis ojos la caricia de su mirada...¿por qué Dios mío, rodeado de luz, solo veo tinieblas...? Daría cualquier cosa por unas palabras de consuelo...mientras tanto la hélice gira y gira sin piedad poniendo millas y millas de por medio.

 Pablo

 

miércoles, 23 de abril de 2014

DE UNA CARTA FAMILIAR

Autor:
Pablo Romero Montesino.Espartero
 
 
 
Viaje del Congo a Francia, Abril de 1963
 
Carta nº 38 
    

    Hace cinco días que dejamos atrás las costas congoleñas y aún nos encontramos cruzando el Golfo de Guinea y a unos siete días de Sierra Leona. Tenemos exactamente un grado de latitud norte. Los días se suceden uno tras otro con una ligerísima brisa casi imperceptible, que no llega siquiera a rizar la mar. Cinco días sin ver un solo barco en una soledad que te hace recapacitar sobre muchas cosas de la vida.

    Ayer nos visitaron  cientos de mariposas de los más exóticos colores, arrastradas sin duda por la brisa del nordeste-el Alisio-. Parece mentira que puedan llegar hasta nosotros vivas, después de volar más de seiscientas millas marinas.

    Esta tarde nos cruzó la proa un banco enorme de bonitos, que convirtieron la mar en agua en ebullición. Por espacio de media hora nos amenizaron con sus saltos, encendiendo sus lomos brillantes al darles el sol en su piel mojada. De haber llevado calados los aparejos habríamos hecho buenas capturas para el cocinero.

    Durante mi guardia me subo al puente alto y me ducho con una manguera de agua salada, dejándome secar por la deliciosa brisa, hasta que mi piel se queda salpicada de salitre. Miro a mi alrededor y pienso que el sol que me baña, solo a mi lo hace en sabe Dios cuantos miles de kilómetros cuadrados de Océano Atlántico. Al atardecer me voy a proa a contemplar la puesta de sol. Echo una pierna por babor, la otra por estribor y agarrado al torrotito me dejo mecer por las suaves cabezadas del barco, mientras mi vista se pierde en el inalcanzable horizonte. No se oye más ruido que el del agua al ser cortada por la proa de nuestro Navidad.

    Cada día que pasa, como llevamos rumbo casi oeste, el sol se retrasa en su ocaso casi quince minutos, lo cual quiere decir que mañana ya no podré disfrutar de él, pues a las ocho debo estar en la cama.

    Hoy hemos pasado junto a un gran pesquero ruso parado en espera posiblemente de calar sus redes. Había en cubierta gran número de “socialistas rojos”. Lo de rojos es por el color de la piel, todos están quemados por el implacable sol del trópico y deben estar sufriendo lo suyo.

    A propósito de Rusia. El Capitán que es un genovés socialista convencido, y que a lo largo de sus treinta años de navegaciones ya no le queda rincón del mundo por conocer, ha estado en varios puertos rusos en diversas ocasiones y cuenta cosas interesantísimas sobre los países del “telón de acero”. Dice que el comunismo es el cáncer de la sociedad. Me gusta oírle hablar de la democracia y del socialismo, pero de cuanto me cuenta lo que más me entusiasma son las anécdotas de sus viajes y sus vivencias durante la Segunda Guerra Mundial a bordo de un petrolero. Cada vez que salían a la mar camino de Trípoli desde el sur de Italia, tenían la convicción de que les atacarían los submarinos ingleses y que eran los partisanos italianos los que informaban a los aliados del rumbo de cada convoy.

    Siente gran simpatía por España pero no por su gobierno. Os transcribo uno de sus pensamientos que me ha hecho leer:

    “El hombre debe ser libre y saber administrar esa libertad, pues en ella se basa la grandeza y el desarrollo de un país. Todo Gobierno que se tenga por tal, debe preocuparse primordialmente por la enseñanza y educación del pueblo ya que estos son los verdaderos caminos que conducen a la libertad de pensamiento e ideas. Sin la iniciativa privada jamás prosperará el nivel de vida de una nación” De esto último Rusia es un buen ejemplo, según él.

    Nos encontramos a 100 millas de Dakar en donde entraremos mañana. Nos hemos hecho 2.300 millas desde Pointe Noire (Congo) y nos quedan otras 2.500 millas para terminar nuestro viaje en Le Boucau.
 
Pablo
         

lunes, 7 de abril de 2014

CARTA DESDE SICILIA

Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero




                             
 Carta nº 37
Publicada en el periódico Cáceres el 8 de Abril de 1963
               

       Como veréis, queridos amigos de Cáceres, esto de ser marino es una "bicoca". Hace tan solo unas semanas estábamos a la deriva aprisionados por los hielos del Mar Báltico disfrutando de 19 grados bajo cero y ahora gozamos de un sol abrasador siciliano.

    Si amigos, con esta profesión no solamente puedes permitirte el lujo de viajar cobrando, sino también tener dos y hasta tres veranos al año, ver el sol durante el día y la “noche”, pasar las navidades con 45 grados a la sombra, vivir años de 367 días y días de 25 horas o estar en 1963, mientras en casa aún andan por el 62. Lo malo de todo esto, es tener que aguantarse con el sol de medianoche cuando se desea el del mediodía o verte obligado a tirar de abrigo en pleno Agosto, mientras tus compatriotas se tuestan al sol en las playas.

    Augusta, puerto desde el cual escribo estas líneas, se encuentra situado en la costa oriental de Sicilia. Después de la Segunda Guerra Mundial adquirió cierta fama por haberse llevado a cabo en sus inmediaciones el desembarco aliado que obligó a emprender su retirada hacia el norte a las tropas de Hitler destacadas en la Baja Italia..

    Esta isla, cuna de los más conocidos atracadores, traficantes de drogas y contrabandistas italo-americanos, conserva en ciudades como Palermo la impronta de cuando no se ponía el sol en los reinos de Carlos V. Si las huellas del pasado nos hace a los españoles sentir algo muy especial por Sicilia, más aún lo son quizás sus paisajes y sus gentes sencillas tan similares a  nuestra Extremadura, tanto, que a veces cuesta trabajo hacerse una idea de cuán lejos quedan nuestros encinares y alcornocales, nuestros olivos y nuestras tierras pardas.

    Pero todo el bucólico paisaje, sus calles y plazas, su maravilloso cielo estrellado, su increíble mar azul, su música, la hospitalidad de su pueblo...todo cuanto de bueno- que es mucho- tiene Sicilia, se ve siempre  manchado del rojo, del rojo sangre...

    El legendario salteador de caminos “lupara” en mano, es aún en esta isla de una actualidad asombrosa. Sus faenas y aventuras nutren con harta frecuencia las páginas de ciertos diarios italianos, que aprovechan sus desmanes y lances para basar en ellos auténticas novelas rosa en las que a ciencia cierta, no se sabe si el protagonista es un héroe, un Don Juan, un asesino o las tres cosas a la vez. Quizás sea que Giuliano se reencarna o que no ha muerto o quizás el bandidaje se hace necesario para combatir  lo injusto de este mundo a golpe de trabucazo.

    La “Mafia” esa organización tan conocida a través del cine americano, y que hasta mi llegada a este país creía era solo “cosa de películas”, es algo tan real y existente como el majestuoso volcán que se yergue ante mis ojos liberando al espacio abierto su  eterna “fumarola”.

    Existe una extraña pero inevitable unión o más bien una cierta confidencia entre el siciliano y la “Mafia”. Para aquél que tiene algo que perder, esta confidencialidad se hace necesaria pues de ella depende a veces, la seguridad de su casa, sus bienes o cosechas y en muchos casos la de su propia vida.

    Sorprende como quienes han sido objeto de algún abuso o latrocinio cometido por vulgares delincuentes, se dirigen no a la policía si no a  un “elemento qualificato” (que paga tributos a la “Mafia”) y éste a su vez, al “uomo di riguardo” (mafioso). En pocas horas, el automóvil, las joyas, el cuadro...volverá a las manos del propietario legal. Si la victima es “persona rispetatta” (que puede devolver el favor) no tendrá que soltar un céntimo. A los pocos días recibirá una carta pidiéndole una recomendación, una colocación o su voto en algunas elecciones.

    Puede darse el caso de haber sido cometido el robo, por un “no asociado”, esto es, por un independiente, en cuyo caso, como le sucedió a una conocidísima artista de cine en Palermo, recibirá a domicilio varias prendas semejantes a la desaparecida (en el caso de la artista, un abrigo de pieles), pero no la misma.

    Si el padre de una joven seducida quiere evitar un escándalo deshonroso a su familia, solo necesita poner el asunto en manos del “uomo qualificato”. Al cabo de veinticuatro horas, el Don Giovanni, con su traje de los domingos y las alianzas en la mano, entrará en casa  de la desgraciada para pedir su mano.

    Durante mis ocho meses a bordo de este buque, en el que italianos y españoles navegamos en un ambiente de confraternidad y camaradería encomiables, he mantenido mi incredulidad  sobre la existencia en Sicilia de esta organización, cada vez que ha surgido el tema en la cámara de oficiales. Mi forma de pensar cambió en cuanto puse los pies en tierra.

    Me habían dicho que la palabra “Mafia” o “mafioso” nunca se debían pronunciar en la isla, yo lo hice el otro día en un bar y cuantas personas había a mi alrededor suspendieron la conversación y me miraron como diciéndome: ¿estás loco?

    En el interior, algunas costumbres ancestrales como la contratación de plañideras en funerales, la exhibición en el balcón de los novios de la sabana nupcial manchada de sangre, recuerdan otras épocas de nuestros pueblos de la España más profunda.

    El ponerme en contacto con el paisaje siciliano ha sido como estrechar en un fuerte abrazo a un entrañable amigo, cuyo rostro el tiempo y la distancia hubieran borrado de mi mente. Jamás pude pensar que un olivo, una encina o el rebuzno de un asno, tuviera poderes tan mágicos en el corazón y el ánimo de un extremeño.

Pablo

domingo, 16 de marzo de 2014

CARTA DESDE EL CANAL DE KIEL

Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero
 
 
Navegando por el Canal de Kiel helado
 
              
 
CARTA DESDE EL CANAL DE KIEL
  
Carta nº 36
 
    Comienzo esta carta en el puerto de Brunsbütel, situado en la salida del canal de Kiel al Mar del Norte. El viaje desde Lübeck hasta aquí, navegando por el Mar Báltico y más tarde por el canal  ha sido emocionante y de gran espectacularidad. El último barco que salió de Lübeck fue nuestro “Navidad”, después, el puerto quedó cerrado a la navegación por motivo de los hielos que cubren el río Trave y todo el Mar Báltico. Estamos a 19 grados bajo cero. Desde Lübeck hemos salido a la mar remolcados por un rompehielos que al no tener suficiente potencia  de máquinas a medida que el hielo se iba cerrando, las catorce mil  tone ladas de nuestro barco fueron perdiendo      

velocidad hasta quedar atrapados en una mar helada de más de treinta centímetros de espesor. El remolcador se fue y nos dejó clavados en la masa de hielo que todo lo cubre. Hemos permanecido derivando durante veinticuatro horas hacia las costas de las islas danesas, hasta que por fin un rompehielos de altura  ha desincrustado de nuestro casco  todo el hielo que nos aprisionaba. Su desplazamiento en zig-zag nos ha permitido ponernos en movimiento y a una velocidad de tres nudos hemos llegado a la entrada del canal siguiendo el camino que poco a poco nos iba abriendo. El chirriar del hielo rascando nuestro barco se hacía insoportable para los oídos, pero lo más espectacular fue ver como el rompehielos se montaba prácticamente sobre los bloques para quebrarlos con el peso de su proa. Nos cruzamos con un barco pequeño y hubo un instante en que lo arrastramos con nosotros en la dirección contraria a la que llevaba.

    Como cosa anecdótica, el práctico que nos trajo desde el Báltico al Mar del Norte por el canal de Kiel, llegó andando por el hielo hasta la escala real del Navidad que le facilitó el subir a bordo.

    La noche que pasamos atrapados disfrutamos de una luna limpia y brillante que iluminaba la mar dándole a ésta el aspecto de un paisaje lunar. Durante la navegación por el canal presencié una puesta de sol difícil de describir. El agua helada se tiñó de rosa por nuestra proa, por efecto de un sol de aspecto frío y difuminado e inofensivo para la vista, mientras las orillas nevadas, salpicadas de casitas de tejados oscuros le daban al cuadro el toque definitivo. Solo faltaba la firma, si bien, creo no fuera necesaria.

    Nos cruzamos con algún barco ruso en el que sus formas desaparecían por completo bajo una máscara de hielo. Uno se pregunta, como se puede navegar así y lo que es más increíble, como se puede trabajar en esas condiciones. Los entrepuentes se asemejan a cuevas de estalactitas que los tripulantes tienen que romper para poder circular por las cubiertas.

         Después de permanecer en Brunsbütel dos días, salimos ayer al Mar del Norte. Cuanto abarca la vista se encuentra helado formando montículos y bloques remontados de hasta dos metros de altura. En estos momentos avanzamos a razón de ochocientos metros a la hora a pesar de que la máquina va revolucionada a cuanto da de sí. Ha amanecido un día esplendido de sol que a primera hora rompió los estratos del horizonte, coloreándolos como si de una aurora boreal se tratara. La mar se encuentra salpicada  aquí y allá de barcos diseminados, los unos completamente parados y los otros luchando como nosotros por salir de esta zona que se extiende muchas millas hacia el Canal de la Mancha. Hace horas que llevamos pegado a nuestra popa un barquito de poco porte que a primera vista da la impresión de que nos empujara cuando la realidad es que se mueve gracias al camino que entre esta inmensa y compacta masa de hielo que nos circunda, se va abriendo paso el Navidad. A poco que se descuide el que nos sigue puede quedarse parado al cerrársele el espacio que media entre los dos barcos.

    Las guardias en el puente se hacen interminables y lo único que nos da ánimos, es ver como poco a poco la velocidad va aumentando a medida que se abren claros en la mar. Hace mucho frío y el viento corta el rostro como un cuchillo, pero este viento hace que se desplacen los bloques de hielo que nos restan velocidad al impactar nuestra proa contra ellos.

    Nos encontramos frente a las costas de Holanda. Las condiciones mejoran por momentos y navegamos ya en aguas libres, aunque aun se ven hielos flotando, probablemente procedentes de la desembocadura del  Mosa. Daríamos cualquier cosa por estar ya en el Mediterráneo y sentir en la cara el calorcillo de nuestro maravilloso sol... pero nos queda al menos una semana para doblar el cabo San Vicente.

Pablo
 
Mar del Norte, Enero de 1963

domingo, 2 de marzo de 2014

CARTA DESDE PORT DE BOUC

Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero



CARTA DESDE PORT DE BOUC
De una carta a la familia
.
Carta nº 35
.
Hemos llegado a este puerto de la costa francesa del Mediterráneo después de pasar una serie de vicisitudes, que han hecho que el Capitán español dijera adiós para siempre a la marina mercante, optando por ingresar en la Reserva Naval como Alférez de Navío. Ganará la cuarta parte que ahora, pero tendrá una vida relajada y placentera, saliendo a la mar tan solo para algunas maniobras y el resto, mucho club náutico y mucho ligue. También a mi me ha tentado pasarme a la Armada, pues están buscando cubrir plazas en los buques que los EEUU entregan a España un día sí y otro también, pero no solo de uniforme vive el hombre y hoy por hoy prefiero seguir conociendo mundo ganando dinero.

La cosa empezó después de terminar la descarga en Italia de 11.000 toneladas de“ghisa” en lingotes.

Se trata de un material de hierro muy rico en carbono que sirve para producir acero de calidad. Generalmente, al finalizar la descarga de cualquier cargamento a granel, se quedan en las bodegas residuos que sino valen nada se tiran por la borda a la salida de puerto. En caso de cierto valor, esos residuos pertenecen a la tripulación que puede venderlos en el siguiente puerto. Pues bien, al contramaestre le di instrucciones para que todo el material sobrante lo metieran en las sentinas, con objeto de que el siguiente cargamento que era clinker de cemento, no se mezclara con los restos de lingotes y pudiéramos venderlos en cualquier puerto. La orden fue “solamente residuos”, entre otras razones porque no podíamos obstruir las sentinas que son parte vital de la seguridad del barco en caso de colisión e inundación de una bodega.

De Italia nos dirigimos a Bizerta en Túnez para cargar el clinker . En aquél puerto y debido a una falsa maniobra por parte del práctico tunecino, no pudimos frenar la arrancada del barco y fuimos a dar con nuestra proa en el muelle, de forma tan violenta que se produjo una vía de agua inundándose el tanque de agua dulce de proa. Cuando investigamos la avería, nos dimos cuenta que no podríamos llegar a Nigeria sin efectuar reparaciones y que las bombas no achicaban bien el agua de las sentinas, debido a que el contramaestre de motu propio haciendo caso omiso de mi orden , de noche, había llenado las sentinas de las cinco bodegas del “Navidad” con lingotes de la carga. Calculamos que se habían escamoteado unas 100 toneladas, las cuales impedían el funcionamiento del sistema de achique, de tal forma que no había más remedio que informar al armador de la avería y dirigirnos urgentemente a Palermo (Sicilia) para reparar la vía de agua e intentar vender las 100 toneladas en ese puerto, para más tarde regresar a Bizerta para cargar las 12.000 toneladas de clinker con destino a Nigeria.

Bizerta es una ciudad fantasma en la que se amontonan por todas partes restos de armas y proyectiles de obuses disparados durante la guerra. No hay una sola casa que no tenga señales de impactos de bala y de metralla y los tunecinos nos miran como a enemigos. Cuando nos cruzarnos con ellos en descampados, nos ponemos a cantar en español, con objeto de que no crean que somos franceses, a los que odian a muerte.

En Palermo iniciamos enseguida las reparaciones y entramos en contacto con un mafioso que aceptó comprarnos toda la ghisa a un precio de saldo- al darse cuenta del lío en que estábamos metidos hasta las cejas- pero que suponía casi un sueldo para cada uno de nosotros. Desplegamos nuestros puntales y grúas e iniciamos con nocturnidad y alevosía la descarga fiándonos del mafioso, que dijo haber “comprado” al carabinero de guardia. Encontrándonos en faena y con los camiones al costado del barco, nos sorprendió el inspector de la compañía armadora que había llegado en avión desde Génova para verificar las reparaciones de la vía de agua.
“¿Pero han venido ustedes a reparar o a descargar?” Me preguntó con cierta guasa, intuyendo lo que nos traíamos entre manos. Le quise hacer ver que eran restos de la carga anterior, pero se puso serio y me hizo que le acompañara al camarote del Capitán.
Alli y luego de unas cuantas copas, el Capitán le ofreció parte en el“negocio”. El resto fue coser y cantar. El mafioso apareció en una lancha rápida con el dinero y en presencia del inspector se cerró la operación quedando el dinero ingresado en la caja fuerte del despacho del “viejo” para la correspondiente distribución.

Si a todo esto le añadimos el que en Rotterdam al desembarcar del remolcador que nos llevó a tierra, resbalara y se cayera desde la proa al agua entre bloques de hielo, el que en Sete (Francia), una grúa nos rompiera el mastelero y en su caída casi nos mata a todos los que estábamos en cubierta y que el año pasado no perdimos de milagro el “Navidad” contra las costas de Cerdeña, no es de extrañar que el hombre haya decidido colgar la gorra.

La última fue anteayer. Lo oí subir al puente gritando ordenes “todo a estribor”, “todo a estribor”. Medio dormido, se había asomado a la ventana de proa en su despacho y había visto la farola roja de entrada al puerto, y creyendo que era un barco que venía a rumbo de colisión, subió despavorido y no dejó de gritar hasta toparse de narices con la ventana del puente y ver que no estábamos navegando sino atracados y bien atracados al muelle.
Es un buen tío, pero creo que lo mejor que puede hacer es irse a casa .


Pablo


Port de Bouc, Marzo de 1963

domingo, 16 de febrero de 2014

CARTA DESDE ALEMANIA

Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero



Camino de Hamburgo
 
 
Carta nº 34
Publicada en el periódico “Cáceres” el 25 de Marzo de 1963

 

    Queridos lectores del periódico CACERES :    

    Os escribo en esta ocasión desde una de las más bellas ciudades de la Alemania Occidental. Separada del mundo comunista por el río Trave, Lübeck, es además de un importante centro industrial, un frecuentadísimo lugar de turismo. Su nombre, encierra un significado análogo al de nuestra palabra “hermosa” y a fe mía que quién así la bautizó supo hacerlo.

    Su historia se remonta al siglo XI. A través de la misma y siempre a causa de la guerra, ha sido reconstruida en diversas ocasiones. Hoy, sus habitantes, pueden sentirse orgullosos de su ciudad y de sí mismos, dado que todos y cada uno de ellos, con verdadero amor y desinterés, participaron en su última reconstrucción. Fue el Domingo de Ramos de 1942, un “raid” aéreo aliado, que duró el día y la noche, destruyó sin piedad media historia de Alemania, convirtiendo en polvo cuantos monumentos y reliquias guardaba tras sus murallas la Ciudad Imperial de Lübeck.

    Tenía formada una idea equivocada de este país y  sobre todo de la mujer alemana. Siempre me la había imaginado como algo muy rubio, alto, de carácter poco comunicativo, sin el menor sentido de la elegancia...No son ni tan altas, ni tan rubias y en cuanto a elegancia se refiere, son de un gusto exquisito en el arte de saber vestirse y calzarse. Cuando se habla de “alta moda” y de importantes colecciones, nos referimos naturalmente a Francia, Italia o España, como si fuésemos tan solo nosotros, los latinos, quienes supiésemos vestir en Europa. Gran error. Las casas alemanas están demostrando también en este campo, que están a la altura de aquellas naciones cuya larga experiencia las ha colocado a la cabeza de la moda. A lo largo de Breite y Köning Strasse-principales arterias de Lübeck-los escaparates, tanto de alta costura como los que muestran trabajos de confección, ofrecen, dentro de una originalísima fantasía y sin apartarse de la línea clásica, modelos de la más pura y estudiada elegancia.

    Es quizás éste, de cuantos puertos conozco de Europa, en el que me he sentido menos lejos de España. La vida aquí no muere a las seis de la tarde, como sucede en un Londres, Rótterdam o Génova. La gente gusta de rozarse con la gente, beber, cantar, bailar...

    Existen en Lübeck encantadoras tabernas típicamente decoradas, donde una juventud democrática, alegre y dinámica baila, canta y se divierte, mientras corre la cerveza  o el buen vino del Rhin. De vez en cuando, entre las voces alemanas, unas palmas, unas bulerías o un “Cuando calienta el sol”, cantado por emigrantes españoles, nos hace sentir más cerca el hogar.

    Después de escuchar tantas historietas picantes referentes a Alemania, sus costumbres y la libertad de la mujer, me llevé un gran “disgusto” al comprobar la buena administración que de aquella saben hacer.

    ¿Se reconoce a un joven de veinte años el derecho a enamorarse? Muy bien: el mismo se le concede a una joven de parecida edad.

    ¿Puede salir por la noche y no regresar a casa hasta altas horas de la madrugada? De acuerdo: su hermana está autorizada a hacer otro tanto. Los padres saben que, de no permitir esta paridad de derechos, sus hijas organizarán su propia existencia fuera del hogar.

    A pesar de la independencia y libertad absoluta de que gozan, son rarísimos los casos de “palomitas seducidas”. Desde los primeros años de escuela saben cuántos peligros encierra el roce con el otro sexo. Ningún misterio circunda la llegada a este mundo, suya o de sus padres.

    Muchos de vosotros las habréis visto recalar en nuestras playas, llenas de esperanza en busca del sol mediterráneo, ansiosas de poesía y romanticismo...tanto han oído hablar de los “latins lovers”...Vuelven decepcionadas porque no sabemos tratarlas como mujeres capaces de sentimientos profundos. La alemana, como la española y como todas las chavalas del mundo, sueñan con el matrimonio. Tienen una concepción de él mucho más difícil que la nuestra. Desean la unión perfecta, la fidelidad absoluta, desean en resumen, mantener intacta la pasión amorosa a través de los años.

    He tenido ocasión de tratar estos días de permanencia en Lübeck con una de aquellas niñas rubitas que fueron acogidas por familias españolas después de la Segunda Guerra Mundial hace catorce o quince años...¿Las recordáis jugando en  nuestro Paseo de Cánovas?  No las comprendíamos...Ayer, en su infantil castellano me dijo:   

  “Vosotros, los españoles, os acercáis a nosotras seguros de una fácil conquista, negándonos esa innata sinceridad y ese romanticismo que os hace adorables”.

   De una carta a la familia:

   Durante los diez días que pasamos juntos en Travemünde hemos visitado los lugares más bonitos del “Montecarlo alemán”. Hemos corrido por la nieve de sus parques y saltado entre los trozos de hielo de la playa y cuando el frío se hacía insoportable nos refugiábamos en una diminuta y cálida taberna junto al casino y allí bailábamos al calor de una estufa enorme. Además de todos sus encantos tiene una voz  que al pronunciar su español, hacen de ella una verdadera delicia para el oído.

    En Alberita-pueblo de Logroño en el que vivió con sus padres españoles dos años de posguerra-me decía: “ todo el pueblo venía a la iglesia para oírme cantar el ave María de  Schubert y don Leo-el párroco- era muy contento porque siempre que yo cantaba , la iglesia era llena de personas y todos me besaban mucho. Siempre andaba en pantalones y toda mi ilusión era montar en asno”.         

    En sesión privada he tenido la ocasión de oírla cantar en alemán, italiano y latín y es un ángel con una voz que te transporta. Cuando me despedí de ella por última vez en la parada de mi autobús, tuve que apearme de él para consolarla y en un taxi  volver a Lübeck. Al día siguiente, al pasar con el barco frente a Travemünde pude verla saludando al “Navidad” desde la terraza de su casa, mientras el barco a duras penas, luchaba por llegar al Báltico navegando por el helado río Trave.

Pablo
 

                                            Mar Báltico Febrero de 1962