Pablo Romero Montesino-Espartero

Pablo Romero Montesino-Espartero
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Camarote desde donde fueron escritas algunas de estas cartas-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Con este blog pretendo ir recopilando las cartas escritas por mi hermano Pablo Romero M-E, dirigidas a la familia, durante sus primeros años de navegación tras terminar su carrera de Marino Mercante allá por el final de la década de los años cincuenta, principio de los sesenta-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------.

lunes, 6 de abril de 2015

RUMBO AL CABO DE BUENA ESPERANZA (II)

(Segunda parte)
 
Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero
 
 
Doblando el Cabo de Buena Esperanza en un Mercedes


Carta nº 56
(Continuación  de la carta nº 55)
 
29 de Mayo
 
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    Esta mañana cruzamos el paralelo 23 grados sur, dejando atrás la zona ecuatorial, por tanto estamos en pleno otoño austral. ¡Adiós amada primavera boreal, hasta dentro de 14 días¡
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    Del pantalón corto pasamos al largo y al jersey de punto, pues con los 23 grados de latitud sur, también nos han llegado 16 grados centígrados, que así de golpe y porrazo se notan. Desde que salimos de Trieste hemos tenido amaneceres a las más diversas horas; desde las 4 de la mañana a las 9 en que nos amanecía en Dakar. Ahora lo hace a las 7 y cuando estemos en Madagascar lo hará a las 3. No me digáis que no es divertido. Algunos marineros -que de astronomía saben bien poco- se vuelven locos queriendo descifrar el misterio y se preguntan ¿ por qué ayer cuando me levanté a las 7 era completamente de noche  y hoy a la misma hora, luce el sol? En cambio ninguno se percata de como el astro rey ha llegado un día a culminar en nuestro cenit desapareciendo las sombras en ese instante; ni de cómo nuestra estrella Polar un buen día dejó de verse sobre el horizonte como lo venía haciendo antes de cruzar el ecuador, o la presencia por nuestra proa de estrellas como Rigel Kent, Acrux, Alfa del Centauro, Canopus, las más hermosas del hemisferio austral, y que han ido apareciendo tan silenciosamente como desapareció del firmamento nuestra amadísima estrella Polar.
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        Al sur del Cabo de Buena Esperanza, 2 de Junio
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    ...y la astronomía no falló...tampoco lo hizo mi sextante Plath. Con un retraso de casi doce horas debido a la fuerte marejada, esta mañana a las 7 dimos vista a ese punto que divide los dos océanos y marca el fin del continente africano. La costa es realmente espectacular, montañosa, escarpada y sin alguna vegetación debido al azote de los vientos y temporales que durante todo el año la castiga. Esta mañana y como doblamos el cabo en mi guardia, me cupo el honor de recalar en él para más tarde dar rumbo hacia el  canal de Mozambique. He sentido una sensación extraña mirando la Cruz del Sur; pensar que probablemente en ese instante entre el Polo Sur y el cabo, los únicos seres humanos éramos nosotros. Parece una idiotez tal pensamiento, pero lo cierto es que sobrecoge  el ver esa mole por babor y por estribor un océano en el que su orilla opuesta son los hielos antárticos.
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    La temperatura ha bajado a 9 grados y hemos encendido la calefacción. El capitán dice que hace dos años vio focas apareándose en esta época del año. De momento nuestros únicos acompañantes son los albatros volando a escasos centímetros del agua sin mover un ala y picando a veces con sus extremos  las crestas de las olas. Nos acompañan durante días, duermen en el agua, alcanzándonos de nuevo al alba después de volar  más de doscientos kilómetros tras nuestra huella.
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     En Trieste cargamos en cubierta cincuenta Mercedes 280 S para los adinerados saudíes. Cuando empezó el buen tiempo, cada tripulante eligió su coche para disfrutar en las horas de ocio de las ventajas que ofrece el navegar sobre ruedas...ajenas.
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    Yo tengo en usufructo uno negro precioso en el que escucho buena música, y tomo el sol gracias a su techo corredizo, que te permite en las noches de estrellas, soñar con los ojos abiertos y colmar tu ánimo con las distancias infinitas del firmamento austral. No creo que haya muchos mortales, que hayan doblado el Cabo de Buena Esperanza a bordo de un soberbio Mercedes, éste cacereño, sí.
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Al doblar el cabo llevábamos recorridos 6.907 millas desde Trieste en 26 días de mar sin escalas. Nos faltan 4.600 para llegar a nuestro destino, es decir, unas dieciocho singladuras 
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                           Al oeste de Madagascar, 7 de Junio
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    Desde el Cabo de Buena Esperanza hasta Mozambique, hemos navegado  a media milla de la costa con objeto de evitar la fuerte corriente de las Agujas, que alcanza hasta 5 millas por hora. Han sido tres días interesantísimos pues nos ha permitido disfrutar muy de cerca el paisaje costero, tan de cerca que podíamos ver a los nativos y sus hogueras en las playas. Por otro lado ha representado un gran esfuerzo para los pilotos y un estado de nervios muy grande, pues navegar  tan próximos a la costa es muy peligroso ya que no hay faros y nos debemos guiar únicamente por el radar, de cuya pantalla no levantábamos la cabeza ni un minuto.
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    Las cabañas salpican el paisaje por doquier, un paisaje de un Africa para mi desconocida, de altas montañas y verdes colinas, te hacen imaginar que navegas por aguas del norte de Escocia, especialmente en las costas sudafricanas. De noche, ni un faro, solo alguna que otra luz mortecina de alguna cabaña y la luna que afortunadamente nos acompaña y que define la costa dándole un matiz más misterioso aún. Con viento de poniente, podíamos escuchar las voces de los negros y oler el humo de sus fogatas.
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    Hace dos días cortamos la corriente de las Agujas, navegando desde la costa oriental del continente a la occidental de Madagascar, de esta manera evitamos llevarla de proa, ganando dos nudos de velocidad. De nuevo volvimos al pantalón corto y al aire acondicionado. En estos momentos pasamos al través de una isla de corales que se llama Ilha das Indias.
 
Pablo.
 
(Continuará)

viernes, 20 de marzo de 2015

RUMBO AL CABO DE BUENA ESPERANZA

(Primera parte)

Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero
 
Mi primer lucio real


Carta nº 55
De una carta a la familia, 25 de Mayo
 

Después de haber dejado atrás el Estrecho de Messina, Gibraltar y Dakar, nos encontramos a tan solo dos horas de la línea ecuatorial y navegamos hacia la isla de Santa Elena que avistaremos dentro de cinco días. Hemos hecho 3.400 millas desde nuestra salida de Trieste, en 13 días de mar en los que nuestras máquinas han funcionado sin problemas a pesar de las altísimas temperaturas. El personal de máquinas ha tenido que sufrir guardias a cerca de 50 grados centígrados, mientras en el puente la brisa nos acaricia haciendo las delicias de Piloto y timonel. La mar siempre cruel, para unos lo es más que para otros...a veces.

El tiempo es hermoso y paso el día tomando el sol, jugando al ping-pong y dándome duchas de agua salada. Pero mi diversión favorita es la emocionante espera-al alba y al crepúsculo- en que calo mi aparejo de pesca. A la altura de Dakar se me escapó un buen ejemplar de lucio real. Hasta hoy no he cobrado nada pero ya caerán...

Ayer fue un día de grandes acontecimientos. Cruzaron nuestra proa un banco de miles de delfines que hacían que la mar pareciera que estuviese en ebullición; también avistamos una pareja de ballenas que placidamente tomaban el sol y un tiburón martillo que rozando el costado del barco, ni tan siquiera movió un músculo a nuestro paso. Los delfines nos rodearon y los saltos, cabriolas y zambullidas nos mantuvieron a la tripulación contemplando el espectáculo durante casi media hora. Algunos de ellos se colocaron a proa y parecía que dijeran : ¡alcánzanos si puedes¡ Al paso del banco, los peces voladores despegaban del agua huyendo en todas direcciones como si hubieran visto al mismísimo diablo.

Hoy a mediodía nos faltaban 8.120 millas, o lo que es lo mismo 30 días de navegación hasta Yeddah en Arabia Saudita.
 

Isla de Santa Elena, 25 de Mayo

Hubiera dado cualquier cosa por visitar la isla en la que muriera Napoleón en su cautiverio, pero esta mañana se perdió en el horizonte tan misteriosamente como apareció a nuestra vista. Desde Cabo Verde navegábamos en demanda de un punto en medio del Atlántico Sur con una historia importante, pero que cuando llegamos a él nos pareció irrelevante. En la carta no es más que una latitud y una longitud a casi 1.500 millas de la tierra continental más cercana. Su población es de tan solo 800 habitantes. Con una costa inaccesible y que carece de un puerto seguro; es visitada mensualmente por un barco que debe fondear a 2 millas de la costa. Las operaciones de aprovisionamiento a la isla se efectúan por medio de botes y barcazas cuando el tiempo lo permite. Cualquier barco es siempre bien recibido y a los que pasamos de largo, pero acercándonos a“curiosear”, los isleños nos saludan desde los acantilados.

Todos los oficiales están admirados con mi sextante Plath y los buenos resultados que obtengo con él. Al poco de ocultarse el sol, el sistema óptico Zeiss me permite ver algunas estrellas de primera magnitud casi de día y los planetas como Júpiter y Venus los puedo observar en combinación con el sol y la luna.

Nuestro próximo avistamiento de tierra será dentro de seis singladuras en que si la astronomía no falla deberemos avistar por nuestra proa el Cabo de Buena Esperanza a unos 3.500 kms. de nuestra situación actual. La única novedad a parte nuestro encuentro con Santa Elena es el alisio. Saltó un día después de cruzar el ecuador y continua soplando del SE. Es una delicia su suave caricia que además hace brillar de manera especial el firmamento más grandioso que podáis imaginaros.

Pablo

(Continuará)

lunes, 9 de marzo de 2015

LOS ALPES

Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero




Carta nº 54
De una carta a la familia
                           

 

    El sábado a mediodía dejé Trieste en compañía del Radio que es italiano y conoce bien todo el Veneto. Alquilamos un Mini en el que creo haber hecho los kilómetros más bonitos de mi vida pasada y posiblemente también futura. Mientras rodábamos por la carretera que va de Cortina D´Ampezzo al refugio de las Tres Cimas de Lavaredo agradecí una y mil veces a mi Dios el haberme permitido contemplar tanta belleza. No podía imaginar que la naturaleza pudiera ofrecer espectáculo tan grandioso. Desde aquél refugio situado a 2.400 metros de altitud he pensado mucho en vosotros, especialmente en papá y Pedro Luis, hubiera dado cualquier cosa por tenerlos a mi lado.

    El Paso de las Tres Cruces, el lago Misurina, Cristallo y Cortina D´Ampezzo , la Marmorada, son nombres todos ellos dolomíticos que de ahora en adelante tendrán un significado grande para mi. Para llegar al refugio de las Tres Cimas de Lavaredo tuvimos que subir por un camino flanqueado por paredes de tres metros de nieve, por el que nuestro Mini pasaba rozando su carrocería. Cuando alcanzamos el refugio, el sol empezaba a declinar y por entre los picos nevados  del Monte Paterno  los rayos de un  sol entre nubes, le daban al macizo un aspecto casi fantasmagórico. Nos sorprendió la tremenda soledad de aquellos parajes. Ni un ser humano, ni un animal, nada, solo roca, nieve, hielo y agua del deshielo primaveral transcurriendo lentamente camino de los valles de Auronzo di Calore.

    Pasamos la noche en un hotel de interiores tiroleses situado a orillas del lago Misurina completamente helado y en el que las luces de nuestros faros rebotaban como si de un espejo se tratara. Me llamó la atención la especie de colchón de plumas que en lugar de sábanas y mantas te colocan en la cama. Es muy confortable y abrigado, pero no entiendo como pueden lavarlo.

    Por la mañana cuando me asomé a la ventana, pude contemplar asombrado la cadena montañosa de los Dolomitas con su cumbres iluminadas por los primeros rayos de sol  y a sus picos teñidos de una tonalidad rosada que incrementaban  su grandiosidad.

    En Cortina D´Ampezzo estuvimos bailando en un albergue de montaña. Había un buen ambiente de deportistas. Nos sentimos un poco como extraterrestres entre toda aquella gente vestida con prendas de colores y gorros de esquiar y la verdad sea dicha, no nos comimos una rosca. Todo esto ha sido como el “Adios a la vida”. Dentro de tres o cuatro días dejaremos Trieste con nuestro barco cargado de valiosas mercancías –entre ellas cincuenta coches Mercedes- para el puerto de Jeddah en Arabia Saudita al que esperamos llegar después de cuarenta y dos días de navegación, por la ruta del Cabo de Buena Esperanza, ya que el Canal de Suez sigue cerrado al tráfico por la cantidad de barcos que fueron hundidos para obstruirlo en la guerra contra Israel.

Pablo
 

                                                                               Trieste, 29 de Abril de 1968

jueves, 26 de febrero de 2015

CARTA DESDE CHIPRE

Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero


De guardia en el "Monte Urbasa"
 
 

 
Carta nº 53
De una carta a la familia

 

    Os escribo estas líneas desde Vasilikos en la costa sur de Chipre, puerto al que hemos llegado de “rebote” para cargar 12.000 toneladas de piritas con destino a Rótterdam.

    Desde que entramos en el Mediterráneo veníamos escuchando en la radio la grave situación política de preguerra en que se encuentra Chipre, especialmente la costa norte, que es precisamente en la que se sitúa Karovastasia,  puerto en el que deberíamos haber cargado  de no haber sido por los acontecimientos. El capitán, tan pesimista para otras cosas, quitó importancia a las noticias que veníamos escuchando en la BBC, según las cuales, cuatro destructores turcos, estaban a escasas millas de la costa esperando ordenes de Ankara para iniciar un bombardeo de las posiciones grecochipriotas de la zona en la que se encuentra Karovastasia.

    Yo oía por la BBC como el secretario general de la ONU el señor  U Thant y el secretario general de la NATO Cyrus Vance iban de Ankara a Atenas y de Atenas a Ankara varias veces al día para negociar el que los turcos no bombardearan la isla. A pesar de todo y del consejo de los oficiales, el capitán no quiso ponerse en contacto con el armador para explicarle el peligro que entrañaba el que nos cogiera el conflicto cargando el barco sin posibilidades de escape. Seguimos adelante y el pasado día 20 llegamos a la rada de Karavostasia.

    El puerto estaba vacío, no se veía actividad alguna y en cambio cuando miramos con los prismáticos a las montañas cercanas vimos con asombro la cantidad de banderas de la ONU, griegas y turcas diseminadas por los montes fortificados.

    A través de la radio enviamos un mensaje a nuestros agentes en Nicosia, en el que el capitán preguntaba cuando llegarían a bordo las autoridades portuarias. No hubo respuesta, pero al cabo de cuatro horas de espera angustiosa, vimos aparecer una lancha con cinco hombres a bordo, todos ellos vestidos de caqui y armados con fusiles. El jefe de ellos, sin grado ni insignias militares, nos gritó a los que estábamos en el puente:

 “Estamos esperando un bombardeo...¡váyanse¡ ¿No escuchan la radio?”

  En cinco minutos, empezamos a virar el ancla y en una hora estábamos a ocho millas de la costa con las máquinas paradas en espera de órdenes.

    Por fin el capitán telegrafió al armador explicándole la situación y éste le contestó.

 “Diríjanse al puerto de Vasilikos, al sur de la isla para cargar el tonelaje previsto”.

    Aquello supuso un alivio y como zorra que chupa limones, salimos hacia nuestro nuevo punto de destino.

    Han pasado seis días desde que llegamos a Chipre y  todo sigue en una calma tensa Hoy hemos tenido invitados  a varios militares de la ONU. Nos juntamos en dos mesas italianos, españoles, austriacos, australianos y grecochipriotas. Comimos, bebimos y reímos lo que no está escrito. Nadie diría que les preocupe para nada la bomba explosiva encima de la cual están obligados a sentarse a diario.

    Ayer hice una excursión turística. Me subí a lo alto de un monte y me llevé la agradable sorpresa de encontrarme con las ruinas de un teatro griego. Me senté en las gradas y dejé volar mi imaginación. Silencioso, representé mi papel de único espectador de una tragedia griega en la que  el fondo impresionante de un Mediterráneo azul confundiéndose con el añil del cielo, fuera el decorado de la obra. Es realmente triste ver estos paisajes en los que las trincheras abandonadas, flanquean a veces ruinas romanas y griegas, testigos mudos de sangrientas luchas entre griegos y turcos. Estuve por espacio de una hora absorto por cuanto me rodeaba, sin otra compañía que la de alguna gaviota curiosa y di gracias a Dios por haberme permitido disfrutar de tanta belleza.

Pablo                 

                                                                      Chipre, 28 de febrero de 1968

jueves, 12 de febrero de 2015

TEMPORAL

Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero 


Temporal
                       
                                       
 Carta nº 52
De una carta a la familia                                                      

 
     Queridísimos padres y hermanos:

Recibí vuestro telegrama que me llenó de alegría después de tanto tiempo sin noticias. Llegó a mis manos en navegación costeando la isla de Creta. La próxima vez hacedlo vía Berna Radio.

    De Chipre a Gibraltar, y por causa del mal tiempo, nos hemos visto obligados a buscar abrigo y fondear en la isla de Creta, en Cabo Bon (Túnez) y por último al sur de Mallorca. Creo que los dos días que precedieron a la última arribada forzosa, quedarán grabados en nuestras memorias por muchos años.

    El día 9 abandonamos el fondeadero de Cabo Bon al que llegamos a duras penas debido al fuerte poniente. Permanecimos fondeados al socaire de las montañas del cabo, hasta el día 10 por la tarde en que el tiempo amainó.

    El día 11  navegando las costas de Argelia, la estación inglesa de Malta lanzó al aire un aviso de temporal en el Mediterráneo anunciando una vigorous depressión a unas doscientas millas al oeste de Argel, desplazándose rápidamente hacia el este, con vientos de hasta 150 kms. por hora en todas las zonas de Mediterráneo Occidental.

    En donde nosotros nos encontrábamos, a unas doscientas millas de las Baleares, el tiempo era manejable y nos permitía hacer 8 nudos. A pesar de todo y confiando en que los ingleses no se equivocan en sus predicciones, pusimos rumbo al norte buscando el abrigo de las Baleares, ya que la costa norteafricana fuera de Cabo Bon, no ofrece  un solo lugar seguro. Este fue nuestro error, no volver a nuestro anterior refugio de Túnez, aunque ello hubiera supuesto hacer varios cientos de millas más. El día 11 a las siete de la tarde, Malta repitió de nuevo el aviso de la profunda depresión, cuando ya nos encontrábamos a mitad de camino entre la costa africana y las Baleares. El tiempo continuaba discreto y no salíamos de nuestro asombro pensando como se podían haber equivocado los ingleses, infalibles en sus avisos de temporal para la marina.

     A las diez de la noche-cosa extraordinaria en la estación meteorológica de Malta-repitió otra vez el aviso, pero esta vez daba rumbo NE a la depresión, con lo cual indefectiblemente cruzaría nuestra derrota. El barómetro hacía ya tres horas que bajaba a velocidad de vértigo hasta alcanzar los 745 mm.

    El capitán, triestino jubilado de la Marina Mercante italiana, me pidió que terminada mi guardia, permaneciera en el puente junto a él hasta que viéramos que sucedía.

    A las doce de la noche empezó a soplar fuerte el viento y dos horas más tarde dio comienzo nuestra odisea, que duró hasta las ocho de la noche del día 13, en que llegamos a la costa meridional de Mallorca.

    De madrugada, cuando vimos que sería imposible alcanzar Mallorca, empezamos a moderar máquina hasta quedar a la capa a una velocidad de 1 nudo. Hacia las cuatro de la mañana, el viento alcanzaba su máxima fuerza que se mantuvo por espacio de doce horas.

    Ni el capitán- con cuarenta años de experiencia de mar- ni yo, ni miembro alguno de la tripulación en nuestros años de vida marinera, habíamos padecido un tiempo semejante. El capitán aseguró que era superior al coletazo del ciclón Berta que hace años le cogió en el Atlántico Norte.

    Es muy difícil describir la fuerza de un viento de más de ciento cincuenta kms.por hora y olas de hasta doce metros de altura,  pero para que os hagáis una idea trataré de explicaros sus efectos en un barco de 140 metros de eslora y un desplazamiento en carga de 15.000 toneladas.

    Dada la amplitud del seno de la ola, el barco, en espacio de segundos recorre una distancia  del doble de la altura de la ola, bajando con la proa casi en picado, de tal forma que cuando ésta llega al fondo del seno, el palo de proa, con sus dieciséis metros de altura lo ves por debajo de la cresta a la que debes subir, si todo va bien; cuando esto no sucede debido a la falta de estabilidad longitudinal o a que el timonel se ha salido del rumbo de capa, la ola rompe en cubierta inundándola con cientos de toneladas de agua que destrozan todo lo que encuentran a su paso, obligando al barco a sumergir la mitad de su eslora y sometiéndolo a un esfuerzo terrible para poder emerger de nuevo. Son momentos angustiosos pues al tiempo que la proa inicia su recuperación, estás viendo venir a la siguiente que se te echa encima sin compasión. Todos los remaches de las cuadernas chirrían como si de un momento a otro el casco  fuera a partirse en dos; en el puente no puedes permanecer de pie sin estar férreamente agarrado a un pasamanos y cuando desciendes lo haces a tal velocidad que tienes la impresión de estar en una “montaña rusa”. A todo esto hay que añadir el “efecto noche” que te produce una sensación de soledad indescriptible, y el miedo a perder la vida se te echa encima cuando ves iluminada por la tenue luz de posición del palo de proa,  la montaña de agua a la que has de subir para librar su brutal embestida.

    El viento sopló durante toda la noche con su máxima intensidad. Un viento rabioso, incansable y de una fuerza indescriptible. Rompió, rasgó, dobló y destruyó cuanto quiso. Los golpes de mar retorcieron barras de acero, astillaron maderas, desplazaron de sus camas a los botes salvavidas y a uno de ellos de fibra tan dura como el acero y situado a diez metros sobre el nivel del agua, lo abolló como si fuera de cartón. Maderas de más de cuatro centímetros de espesor las arrancó de cuajo y las hizo saltar por los aires, volando como hojas de papel.

     Las crestas de algunas olas que pasaban sin afectarnos, las veíamos desplazarse por nuestros costados a la altura de nuestros ojos a pesar de estar el puente a trece metros  sobre el nivel del agua. El viento convertía esas crestas en agua pulverizada que barría con inusitada fuerza los cristales del puente dejándonos sin visibilidad, y cuando salíamos al alerón para hacer lecturas de los instrumentos meteorológicos, la cara se nos deformaba por efecto de la fuerza del viento en cuanto nos exponíamos a él. Respirábamos agua salada en suspensión durante los minutos que duraba la observación.

     Cuando la popa se alzaba al paso de la ola, la hélice de cinco toneladas, salía del agua y se volvía loca girando en vacío,  haciendo vibrar todas las superestructuras del Uje”.

    En la pantalla del radar, las olas aparecen como manchas anaranjadas discontinuas cubriéndola en todo su alcance, no permitiendo distinguir objeto flotante alguno en un radio de 25 millas. Navegamos a ciegas pues el agua espolvoreada de las crestas de las olas reducen la visibilidad a cero.

    Durante toda la noche, el capitán y yo permanecimos en el puente, junto al radiotelegrafista y el timonel, cuyo cambio de guardia no se efectuó hasta el amanecer por miedo a que el relevo perdiera el “son” del rumbo de capa que estábamos manteniendo a duras penas.

    Cada perdida del rumbo suponía un duro golpe de mar que  hacía retorcernos como si nos fuéramos al fondo del Mediterráneo por un sumidero.

    El capitán que es un pesimista recalcitrante, estaba a mi derecha y como yo, agarrado al pasamanos del frontal del puente, aguantando cada embestida. Durante aquella noche, no se cuantas veces me dijo:

    “Pablo, de esta no salimos”.

    “Parece una montaña, fíjate esa que viene, nos va a destrozar el castillo de proa”.

    “Si tuviéramos una avería en el motor, atravesados a la mar nos iríamos al fondo en cinco minutos”.

    El miedo hace que se te seque la boca y que una y otra vez te preguntes qué estas haciendo en medio de todo lo que sucede a tu derredor. Las ganas de salir corriendo se hacen casi irrefrenables y tienes que hacer un enorme esfuerzo por no gritar. A pesar de todo me permití más de una vez a lo largo de la noche, bromear preguntándole dónde le gustaría estar en aquel momento.

    En un radio de 300 millas, el telegrafista nos informó de siete S.O.S, alguno muy cerca de nuestra situación. De los siete, tres de ellos se fueron a pique aquella noche y otro se estrelló contra las costas de Cerdeña.

    Con las primeras luces del alba, el temporal fue cediendo y poco a poco fuimos saliendo del rumbo de capa, para dirigirnos a Mallorca e intentar recuperar fuerzas, reparar averías y meditar sobre los acontecimientos.

    Llegando a Palma de Mallorca, se nos acercó un remolcador y con el megáfono nos preguntó si habíamos visto a un carguero con una cubertada de madera que había pedido socorro. Aquello nos pareció un sarcasmo. Aquella noche cada cual vio únicamente la manera de salvar su barco y la vida, cualquier ayuda hubiera sido imposible en aquellas mares montañosas, con vientos de huracán que barrían las crestas de las olas no permitiéndonos ver ni tan siquiera la proa del barco.

   Termino esta carta navegando de Finisterre a la isla de Ouessant en el Canal de la Mancha, con buen tiempo y deseosos de poner los pies en tierra firme.

    Daría cualquier cosa por estar con vosotros.

 Pablo

                                             Canal de la Mancha   a 17 de Diciembre de 1967

jueves, 15 de enero de 2015

CARTA DESDE ALEJANDRÍA

Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero

 
 
  

Carta nº 51
                                
    Precedentes de Rótterdam y con una carga 12.000 toneladas de harina de trigo- regalo de la Comunidad Económica Europea al pueblo egipcio- llegamos a este puerto hace ya una semana.

    El viaje ha sido muy duro, con muy malos tiempos en el Mar del Norte y el Atlántico. La costa portuguesa nos ha vapuleado sin piedad durante dos días, dando bandazos de hasta 35 grados y embarcando olas tremendas por el costado de estribor.

    Suponíamos que con el cargamento que traemos se nos recibiría a bombo y platillo, al fin y al cabo estamos haciendo la labor de la Cruz Roja sin recibir a cambio ninguna compensación extra por riesgo de guerra. Lo cierto es que nuestra llegada nos ha puesto los pelos de punta. Hace ya cuatro meses que terminó la guerra entre Israel, Egipto y los países árabes y esta gente sigue  pensando que todavía no está dicha la última palabra.

    Fondeados en la rada hemos podido observar el movimiento de lanchas rápidas de fabricación rusa, armadas con misiles, que patrullan la costa. La entrada al puerto está protegida por una red antisubmarina que sólo se abre cuando entra o sale un barco, y por doquier, antiaéreos y nidos de ametralladoras en todos los edificios altos.     

    Después de  varias horas de espera, llegó finalmente el práctico acompañado de dos soldados armados con metralletas, que embarcaron ordenándonos que a partir de la puesta del sol no tuviéramos luces en cubierta y que los portillos de los camarotes debían permanecer cerrados y con las cortinas corridas hasta el amanecer.

    El capitán-italiano con experiencia de convoyes durante la Segunda Guerra Mundial-, le preguntó al práctico:     

“¿Oscurecimiento total a partir de la puesta del sol...? ¿Pero, no ha terminado la guerra?”

 “No capitán, la guerra no ha terminado”, contestó.

    Cuando la red antisubmarina fue cerrándose a medida que nuestro barco cruzaba la entrada al puerto, los oficiales que estábamos en el puente, nos miramos como preguntándonos: ¿pero que demonios estamos haciendo aquí?

    Dentro del puerto había tres destructores rusos abarloados a pocos metros de nuestro atraque.

    La primera noche, de madrugada, empezaron a sonar disparos acompasados y explosiones. Saltamos de la cama y salimos varios de nosotros a cubierta, con la cara demudada, descalzos y semidesnudos. Los disparos procedían de uno de los destructores rusos, que  irracionalmente o por divertimiento, disparaban contra un satélite artificial que cruzaba nuestro cielo. El susto fue mayúsculo, pero empezamos a tomarnos la cosa con cierto humor, al ver que las explosiones se quedaban casi a la altura de un cohete de feria, si la comparábamos con la del satélite. Esto mismo se repitió de día, pero esta vez contra un caza israelí del que tan sólo se veía una ligera estela blanca a una altura estratosférica. Esta vez fue una lancha egipcia la que hizo los disparos.

    La descarga de la harina se lleva a cabo muy lentamente, por lo que suponemos que tendremos que pasar otra semana en Alejandría.

    Hablando de descarga, esta mañana hemos presenciado un espectáculo muy triste. En el muelle y en guardia permanente, soldados armados con fusiles, vigilan que nadie recoja del suelo un gramo de harina. En un descuido del soldado, una niña de unos diez años, corrió con una lata y un cartón a recoger de un pequeño montón de barreduras, un poco de harina. Al percatarse el soldado, corrió hacia ella y la golpeó con la culata del fusil  e hizo que vertiera en el suelo el producto de su “rapiña”. Fue un acto político asqueroso, pues de no haber estado nosotros presenciando la escena, posiblemente hubiera actuado de otra forma. Se avergüenzan del hambre...si ellos supieran la que Europa sufrió del 39 al 45...

    He salido a tierra con un compañero y  hemos comprado algunos recuerdos. Un jarrón de alabastro y dos calzadores de asta de no sé que animal. Tienen  cabezas representando a Nefertite y a Ramses, creo. Nos hemos  divertido viendo en un night club la danza del vientre. Es impresionante de que forma son capaces las bailarinas de mover el esqueleto semidesnudo. ¿Cómo es posible que dentro del mundo árabe haya tales diferencias de actitud respecto al comportamiento de la mujer? El local estaba protegido por sacos terreros, al igual que casi todos los comercios de la ciudad, pero ya no nos impresionan tanto como el primer día. Lo que si nos ha llamado la atención es el riesgo que corren los viandantes en esta ciudad caótica. Los coches y autobuses se mueven entre la gente a golpe de bocinazos y sin semáforos que regulen el tráfico; cruzar una calle es casi suicida. A veces piensas que buenos toreros podrían salir de algunos de estos peatones.

    Esta noche hemos tenido otra vez un sobresalto. A eso de las cuatro de la mañana una fuerte explosión bajo el agua, ha hecho que el barco, que está medio vacío, chocara duramente contra el muelle. De nuevo hemos salido todos a cubierta despavoridos, preguntándonos que había sido eso. La respuesta nos la dio una segunda explosión a unos trescientos metros de nosotros, mientras una lancha sin luces, se alejaba del lugar. 

   En este puerto, durante la Segunda Guerra Mundial, un cuerpo italiano de ataque submarino llamado “Decima MAS” consiguió colocar bajo las quillas de los acorazados británicos “Valiant” y “Queen Elizabeth cargas explosivas que hicieron que ambos barcos se hundieran en el mismo puerto. Fue una acción de un gran valor, coraje, determinación y preparación técnica, en la que un submarino puso en el agua a dos torpedos humanos, cuyos tripulantes después de mil vicisitudes, lograron colocar los explosivos. Esto, los egipcios no lo han olvidado y de ahí el que lancen cargas de profundidad de vez en cuando para evitar que posibles hombres rana israelitas ataquen sus barcos de guerra en este puerto.
 
   Después de doce días descargando harina, por fin mañana saldremos a la mar. Me voy con la pena de no haber podido “ver” el famoso faro de Alejandría, ni la biblioteca, ni tantas cosas maravillosas de éste país...vigilan nuestros movimientos y no nos permiten salir de la ciudad. Hacer una fotografía es una acción suicida.     Poseer cualquier revista o signo de haber estado antes en Israel, supone la cárcel. A pesar de ello, estoy satisfecho por haber colaborado a quitar el hambre a medio Egipto, aunque sólo sea por un día.
   Termino mi carta navegando en un Mediterráneo azul maravilloso en un día luminoso de Otoño. La sensación que tengo al haber dejado atrás tanta miseria es la que se siente después de una buena ducha.
   El barrido de las bodegas ha producido casi una tonelada de harina que hemos echado al mar. Ha venido a mi mente la niña de Alejandría y creo que todos en nuestro fuero interno nos sentimos en pecado mortal.

Pablo

                                           Alejandría, Octubre de 1967

viernes, 12 de diciembre de 2014

ESPAÑA ¿NACION EMINENTEMENTE MARINERA?


Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero


Publicado en la revista UOMM de la Marina Mercante Española en Mayo de 1967



 Antenas de un centros emisor de Radio Nacional de España

  
Carta nº 50
 

    Señor Director:

    Me dirijo a Vd. en calidad de Primer Piloto de la motonave “UJE” de bandera panameña y por tanto como marino emigrado.

    Desde que tengo uso de razón la frase “España es una nación eminentemente marinera”, no influyó lo más mínimo en mi ánimo, pero desde que navego, cada vez que la oigo o leo, me invade una tristeza profesional indescriptible. Esa frase es la bofetada más hiriente que de manos de la Patria haya recibido el marino español.

    No hace mucho tiempo, un periodista puso de relieve muchos de los sinsabores de nuestra profesión, por esta razón no deseo cansarle con nuestros problemas, por otra parte, de todos conocidos.. Además no es este el objeto de esta carta.

    Al igual que miles de marinos, españoles y no españoles, sintonizo nuestros Centros Emisores de Radio Nacional de España, cuyas audiciones son perfectas desde cualquier latitud, motivo por el cual me he sentido orgulloso en más de una ocasión, navegando en buques extranjeros. Sus programas inteligentemente llevados, satisfacen a toda una extensísima gama de oyentes. Sus antenas irradian ciencia, arte y cultura del polo al ecuador, pudiendo ser sintonizada por cualquier español ausente de la Patria.

    El intelectual, el analfabeto, la modistilla, la cocinera, el taxista, el amante de la buena música, el “yeyeismo”, el deportista, el taurino, etc. etc. etc., ven colmados sus gustos y aficiones gracias a la gran oferta de Radio Nacional.

    ¿Cómo es que siendo España una nación eminentemente marinera olvida negligentemente a sus hombres de la mar? ¿Por qué Radio Nacional se siente tan esplendida con la cocinera,  y deja a un lado a aquél que sacrifica su juventud para que ella pueda preparar sus guisos? Lástima que los muertos no puedan hablar, de otra forma ratificarían mis palabras los tripulantes del “Sierra Aranzazu”, “Castillo de Montjuich”, “Bonifaz”, “Monte Palomares”, “Monelos” y cuantos pescadores han dejado sus vidas en la mar, en lo que va de año..

    Naciones eminentemente marineras como Inglaterra, Holanda, Alemania, Italia, tienen emisiones especiales dedicadas a aquellos que realmente sacrifican, en tiempos de paz, algo de valor en beneficio de la comunidad. Estas naciones saben que su bienestar y progreso se lo deben en gran medida a sus marinas mercantes y a los hombres que las integran.

    En estas naciones eminentemente marineras, el marino es algo más que un borrachín, mujeriego y contrabandista -títulos por los que el noventa por ciento de la población española nos conoce-, gracias a ciertos cretinos que no saben si el té se produce en la huerta valenciana o se importa de la India, que jamás han puestos sus pies sobre algo que flote y cubren sus doctas cabezas con gorras marineras que solo han visto la mar  a través de las ventanas de algún club náutico; señores que conducen sus Wolkswagen o Mercedes porque esos borrachines, mujeriegos y contrabandistas, lejos de todo afecto familiar y de cualquier agradecimiento por parte de la Patria y de sus compatriotas, han cruzado las “mine danger areas” del Báltico, los temporales del Mar del Norte, las nieblas del Canal de la Mancha y las temidas 360 millas del Golfo de Vizcaya, entre bromas y veras, con el salvavidas bajo la almohada.

    Sí, señor Director, ya va siendo hora de que al marino español se le conozca en España por algo más que por sus francachelas, su esplendidez o su desenfrenada afición al sexo opuesto.

    Si alguna vez llegase por mar a Hamburgo, durante la navegación fluvial y a su paso por “Shaulau” sentirá viva emoción escuchando a través de grandes altavoces el himno nacional-el nuestro-interpretado en honor de cuantos bajo el pabellón que ondea allá arriba en el “pico”, llegan o abandonan su puerto. Una voz con marcado acento alemán le deseará una feliz estancia o unas condiciones meteorológicas favorables para el viaje que inicia. Para un marino, estas pequeñeces significan tanto, como el cargamento para aquellos que de él esperan obtener un beneficio.

    Radio Hamburgo, la B.B.C., Radio Nederland, la R.A.I. y otras estaciones de radiodifusión, al finalizar sus emisiones o durante las mismas, saludan a sus marinos deseándoles feliz viaje o simplemente buena guardia. Cada doce horas transmiten boletines meteorológicos dedicados exclusivamente a la navegación marítima. Boletines precisos, no vagos, leídos a velocidad de dictado y en los cuales se incluyen la situación general del Atlántico. Boletines en los que se especifican, zona, velocidad, fuerza y dirección del viento, estado de la mar y su dirección, visibilidad y estado del cielo, temperatura y situación de bajas o altas presiones, con rumbo y velocidad de las mismas y me estoy siempre refiriendo a estaciones de radiodifusión. Estas estaciones, jamás dirán “nudos por hora”, ni darán la situación de un barco en peligro de hundirse, unas veces al sur de cabo San Vicente y otras a cinco millas de la Mezquita de Córdoba.

    Naciones eminentemente marineras como Inglaterra, Holanda, Alemania, Italia, además de una bien organizada radiodifusión, poseen estaciones radiomarítimas de onda corta, gracias a las cuales y a la competentísima plantilla de médicos y operadores de radio, miles de vidas se salvan anualmente a bordo de buques de todas las banderas. Estas naciones tienen una perfecta organización para el salvamento de náufragos en sus costas, remolcadores de altura, embarcaciones de salvamento marítimo y helicópteros en puntos estratégicos de sus costas y no permitirían que un barco a la deriva estuviera durante días a merced de las olas frente a Cabo Mayor hasta terminar aplastado contra sus acantilados, y su tripulación muerta, mientras un público morboso y unas autoridades inoperantes contemplaban el espectáculo desde el mirador del faro.

    Estas naciones eminentemente marineras tienen un respeto sacro por el descanso dominical en sus puertos, casi desconocido en nuestra Patria a pesar de ser también “eminentemente católica”.

    España puede que sea una nación marinera, esto se lo debemos únicamente al Creador, que nos regaló unos cuantos cientos de millas de costas, pero esto, señor Director, hace sentirse orgulloso solamente a los necios y pobres de espíritu.

    En nombre de todos los hombres de mar españoles, le ruego con el mayor encarecimiento, haga cuanto esté a su alcance para que se vean representados en las emisiones de Radio Nacional de España, aunque para ello sea necesario robarles tiempo de programa a los intelectuales, taxistas, modistillas, cocineras, deportistas, jovencitos, etc., etc., etc., pues estoy seguro que todos ellos se sabrán  sacrificar por quienes arriesgando mucho y mal recompensados, material y espiritualmente, traen a España el petróleo del Pérsico, el trigo de Norteamérica, la especias de Oriente, el azúcar y café cubanos, el bacalao de Terranova o la merluza del Cantábrico, etc., etc., etc.

    Pídole excusas por cuanto en esta carta pueda encontrar de ofensivo, al escribirla en ningún momento entró en mi ánimo deseo de herir a nadie, solo únicamente la tristeza y el orgullo me empujaron a ello.

    Reciba mi más reiterado agradecimiento por su benevolencia con mis más atentos saludos.
 
Pablo
            

                                       Atlántico Norte, Febrero de 1967