Pablo Romero Montesino-Espartero

Pablo Romero Montesino-Espartero
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Camarote desde donde fueron escritas algunas de estas cartas-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Con este blog pretendo ir recopilando las cartas escritas por mi hermano Pablo Romero M-E, dirigidas a la familia, durante sus primeros años de navegación tras terminar su carrera de Marino Mercante allá por el final de la década de los años cincuenta, principio de los sesenta-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------.

martes, 22 de julio de 2014

MESSINA

Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero
 
 
A bordo del Sincerity como Primer Oficial 1965

 
                
Carta nº 44 

                                                                        De una carta a la familia

 
    El pasado día 29 cruzamos el estrecho de Messina. Como tantas otras veces, lancé al agua una botella con una carta para vosotros. Como el tiempo era bueno y la mar en calma, estoy seguro de que algún pesquero se haría cargo del correo. Dentro de la botella iban dos paquetes de cigarrillos sueltos y un billete de 500 liras para el franqueo. Quiero recordar, que hace dos años recibisteis una carta mía echada al agua y que había tardado casi un año en llegar a vuestras manos. Esperemos que a ésta, las corrientes la traten mejor.

    He pasado el estrecho en múltiples ocasiones, pero nunca me había impresionado tanto como ésta última. Era el amanecer de un día diáfano de una visibilidad extraordinaria que nos permitía ver el coloso de Sicilia cubierto de un inmaculado manto de nieve. De su cráter un penacho blanco de humo se elevaba a gran altura como avisándonos de que sólo está dormido.

    La navegación a lo largo de la costa norte de la isla te permite contemplar en toda su grandeza sus montañas recortadas en el añil de un cielo límpido y profundo, en contraste con el azul  oscuro de la mar rizada y hermosa que se interpone entre nosotros y la costa. Por el costado de babor y durante la noche anterior, la isla de Stromboli nos ofreció el incomparable espectáculo fantasmagórico de sus explosiones esporádicas, iluminando el horizonte por el norte, como si de  un faro de la antigüedad se tratara. La última vez que pasé cerca de esta isla lo hice entre el pequeño islote de Strombolichio y la costa de Stromboli. En aquella ocasión las cenizas del volcán nos caían en la cubierta del barco como pavesas apagadas. Fue algo que recordaré siempre.

A medida que nos acercábamos al estrecho, fueron corriendo hacia popa, una tras otra, las islas de Vulcano, Lípari y Salina. De la primera se pasa a menos de media milla y aparece a la vista como un enorme cono volcánico  de color grisáceo de gran belleza, saliendo de la mar azul Las rompientes de su lado sur, le dan un realce mayor, al salpicar de blanca espuma su costa acantilada, oscura y  despoblada de vegetación. Con nuestra proa puesta en la costa de la península, corremos al largo hacia el este, buscando el camino que deberá permitirnos pasar entre Sicilia y el continente. Da la impresión de que el paso no existe y que nos dirigimos hacia unos acantilados contra los que indefectiblemente estrellaremos nuestro barco si no paramos las máquinas. Cuando Scilla apareció nítida a nuestros ojos y los relieves de la cueva en la que Ulises se refugió al oír los cantos de sirena, fueron tomando forma, yo también escuche esos cantos, pero ni un grado varió el rumbo de mi barco, quizás fuera porque Ulises no llevaba como nosotros, timón automático.
 
Poco a poco, el punto azul del agua separando las dos costas se fue convirtiendo a medida que nos dirigíamos a él, en una línea divisoria de mar por donde el Sincerity tenía que pasar del mar Tirreno al Jónico.
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    El sol fue elevándose tras las montañas calabresas, mientras a nuestra derecha los edificios de la ciudad de Messina cambiaban de color, pasando del violáceo al rosado y de éste al blanco más puro. Por nuestra proa los overcraft, elevados sobre sus patines, parecían volar sobre el agua, llevando del continente a la isla a pasajeros enclaustrados pero cómodamente sentados en sus asientos de plástico.
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    Por la amura de estribor, Taormina se nos apareció de entre las aguas como queriéndonos decir que no pasáramos  de largo sin visitar su histórica ciudad. Nuestro barco impertérrito y sin haber escuchado de este lado del estrecho, más sirenas que las de los ferrys que lo cruzaban, se dirigió a paso lento pero seguro hacia el cabo Spartivento buscando el Adriático y el puerto de Ravenna cuna del Dante.
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                                                                     Mar Jónico, Noviembre de 1965
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Pablo

martes, 8 de julio de 2014

DE RUSIA CON AMOR

Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero



 
 
  
Carta nº 43
                                                           De una carta a la familia

 

    Llegamos sin novedad a este puerto de Ganha en donde llevamos cuatro días cargando cacao para Ámsterdam.
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    Estoy cansado y aburrido de Africa. Este calor agobiante acaba por deprimir a cualquiera. Pierdes noción del tiempo y de las estaciones...menos mal que Dios aprieta pero no ahoga (aunque...¡coño¡, tampoco afloja).
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    Ayer estuve bailando en una “sala de fiestas” de la localidad. El baile consiste en coger de la mano a tu pareja y en círculo ir caminando con ella a tu lado dando dos pasitos con el pie derecho y uno con el izquierdo. Resulta cómico ver a un blanco con una negra haciendo lo que yo he bautizado como el “pasemisin”. La mayoría tienen unos cuerpos esculturales, pero casi todas llevan peluca y cuando se la quitan o se les desplaza, se te caen los palos del sombrajo.   
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    Hemos coincidido en este puerto con el San Salvador -mi anterior barco antes de ascender a Primer Oficial -y que viene de Novorosisk (Rusia) en el Mar Negro. Me han venido a visitar todos los marineros demostrándome un afecto que nunca supuse pudieran tener por mí. Me han regalado varios libros  traducidos al castellano y una botella de vodka ruso. A bordo  ha sorprendido también la visita de la tripulación  del San Salvador casi al completo. Francamente me emocionó verlos a todos subir por la escala real, saludándome ya de lejos cuando aún no habíamos dado cabos a tierra. El contramaestre me dijo que aunque hubieran estado a cinco kms. de distancia un barco del otro, habría venido a saludarme.
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    Me han contado cosas interesantes del viaje y de la vida en la Unión Soviética.
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    El Segundo Oficial que me relevó, también vino a verme y me relató su historia triste con una estudiante rusa que trabajaba como bibliotecaria por las tardes en un club estatal para marinos.
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    Este chico dejó la carrera de Ingeniero en tercer año para hacerse marino y ella estudia filosofía y letras.
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    En ese club van chicas que entretienen a los marinos, bailan, charlan y hacen propaganda del sistema soviético. Todas están vigiladísimas por una comisaria política. Las preparan para vender el ideario comunista a las tripulaciones extranjeras. Muchas de ellas son contrarias al sistema y no creen en absoluto las cosas que los marinos extranjeros cuentan del mundo occidental.
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    Descrita por él como un ángel de cabellos rubios, excelente  cultura, además de guapísima, estaba siempre sola sentada en un butacón  leyendo. Un buen día se acercó a ella con objeto de pedirle un libro, excusa que le sirvió para entablar conversación en inglés. Hablaron de todo, aunque en manera muy reservada respecto a las cuestiones soviéticas. No creía en nuestra libertad, ni en la facilidad de adquisición en Europa de productos como vestidos, cosméticos, aparatos domésticos, automóviles etc. y menos aún, que él estuviera soltero a los veintisiete años.
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    La invitó varias veces a acompañarla después de su trabajo a lo que siempre se negó rotundamente, no porque no lo deseara, sino porque era peligrosísimo para ella. Cada vez que intentaba una caricia o cogerle las manos, le pedía casi llorando que no la hiciera sufrir. El último día le dijo que solamente le pedía un beso de despedida.
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“Se me iban las manos sin querer en dirección a las suyas; era una atracción irresistible, que sólo me frenaba el miedo a que  la pudieran castigar”, dijo.
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    Por último le habló de matrimonio y que estaba dispuesto a llevarla a España, de la que tanto le había contado en el transcurso de las dos semanas que estuvieron viéndose. No creía en su sinceridad y menos aún en la posibilidad de conseguir un pasaporte para salir de la Unión Soviética.
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    La última noche le sorprendió con sus palabras:
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“Arturo, esta noche me acompañarás hasta mi casa y pase lo que pase nos besaremos una y mil veces”.
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   Siguiendo sus instrucciones la esperó lejos de la puerta del club. La cogió de la mano y echaron a correr hasta  la parada del autobús.
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   “Llegamos sin respiración”, me contó.
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   Cuando subimos al autobús, nos encontramos a la comisaria que nos estaba esperando en él.
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    En un perfecto español me dijo:
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    “Haga el favor de regresar a su barco”. Ni una palabra más, ni una palabra menos. Después se dirigió a ella en ruso y la invitó a  subir al autobús.
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    Al día siguiente salieron a la mar. Desde Turquía la escribió y no ha recibido contestación alguna.
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    Es un buen chaval y está obsesionado con la vela.   Quiere que hagamos juntos la travesía del Atlántico en un barco que tiene en Galicia.
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                                                          Puerto de Tema (Ganha), 30 de Enero de 1965
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Pablo

jueves, 26 de junio de 2014

CONTINUACIÓN CARTA 41

Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero

 

                                     
Carta nº 42
(Continuación de la carta 41)
 

    Hoy nos hemos cruzado con el “Queen Mary”. Hace un crucero navideño para millonarios. Es un barco impresionante de 45.000 toneladas que alcanza los 47 nudos. Nosotros con buen tiempo llegamos a los 11 nudos.

    Pasó como un rayo camino de Las Palmas, con sus tres chimeneas echando humo y la proa con “bigotes” blancos y cortando la mar como con un cuchillo. Con los prismáticos se podían ver en el puente a varios  oficiales uniformados y un sin fin de pasajeros mirándonos como se mira a un ser inferior. Trajo a mi memoria mi querido e inolvidable “Monte Urbasa”. El complejo de inferioridad nos impidió saludar con la bocina como signo de felicitación por Navidad. ¿No es lo correcto que el saludo deba partir del superior? Habrá que consultarlo en algún libro de urbanidad...

    A mediodía hemos descorchado diez botellas de buen champagne francés en el puente y más tarde nos hemos dado el gran banquete a base de los mejores manjares franceses, españoles e italianos. Hemos reído, cantado, tocado palmas y la señora nos ha sorprendido cantando en yugoslavo una canción serbia típica de estas fiestas. Como siempre, causó sensación al “personal”. A veces pienso si su belleza la multiplicamos por diez debido a que llevamos dos meses sin ver otra mujer blanca que  ella.

    A la altura del Cabo de San Vicente con mar gruesa del norte. Temperatura 15 grados. Hemos puesto la calefacción. Pensar que hace once días estaba en la playa...

    Mañana cruzamos el paralelo de Cáceres. Con la velocidad que hacemos, ¡el Año Viejo en Inglaterra es nuestro.¡
                                                            Mar, 25 de Diciembre de 1964
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    Me ha sido completamente imposible continuar hasta hoy. Hemos pasado tres días horribles. Desde Finisterre a Land End- el finisterre inglés- sufrimos vientos de fuerza 8 y 9 con mar arbolada del  noroeste, mala visibilidad, frío tremendo y bandazos de hasta 25 grados. No dejó nada en pie y casi perdemos uno de los botes salvavidas por efecto de un golpe de mar. Las olas pasaban de babor a estribor como si no existiéramos. No pudimos tener una situación fiable en tres días hasta hoy que nos fue posible observar el sol. Nos encontramos a 200 millas de las costas de Irlanda y a cerca de 20 millas de donde creíamos estar, a causa de la deriva que nos han producido las corrientes y el temporal.

    Durante toda la noche hemos estado oyendo en un tanque vertical -que llevamos vacío y que tiene capacidad  para 1.000 toneladas de lastre-unos golpes y chirridos extraños. Al amanecer bajé al tanque en compañía del contramaestre y vimos con asombro, que varias planchas del casco se curvaban hacia el interior cada vez que la mar las golpeaba. La causa era que había tres cuadernas que se había rajado de arriba abajo y friccionaban produciendo un sonido insoportable. Subimos los catorce metros de escalera desde el plan del tanque hasta la escotilla como auténticos gatos, para informar al capitán de que de un momento a otro se podían reventar varias planchas del casco, lo cual habría supuesto el naufragio en un abrir y cerrar de ojos, dado que el barco va a máxima carga. Fuimos poco a poco cambiando el rumbo hacia el Canal de Bristol evitando así los golpes directos de las olas en esa parte debilitada del barco. Ahora navegamos en una empopada con mar arbolada que nos lleva en volandas, viento en popa, corriente a favor y dando ¡ 14 nudos¡   

                                                          Canal de Bristol, 30 de Diciembre de 1964
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    Ayer llegamos a fondear frente al puerto de Newport a las 10 de la noche y como tenemos averiado el VHF, tuvimos que pedir práctico con la lámpara de destellos. El práctico no quería salir por el oleaje que había en donde estábamos fondeados. Directamente le contesté, que nos acercaríamos más a la entrada del puerto y que la tripulación tenía ya la corbata puesta.

    Los británicos a parte de ser buenos marinos, comprenden muy bien a la gente de mar de cualquier nacionalidad y sobre todo en una ocasión en que la mar nos había dado una gran paliza  a dos horas del Año Viejo. La respuesta no se hizo esperar y confirmó que salía fuera inmediatamente a por nosotros.

    A la maniobra fuimos vestidos de calle y una vez atracados al muelle, nos trasladamos en taxi al centro de la ciudad. En el primer “dancing” que encontramos, nos metimos como fieras salvajes. La entrada en él fue espectacular. Dieciocho hombres renegridos del sol tropical, con caras de querer comernos el mundo y de participar en todo el jolgorio que allí se cocía. Cuando entramos en tromba, faltaban tan solo unos minutos para que sonaran las campanadas. El techo había desaparecido tapado por cientos de globos de colores. La bola mágica repartía destellos por todo el salón. La orquesta rompía, con su estridente sonido, nuestros  tímpanos habituados al silencio de los quince días de navegación. El olor a perfumería barata fue lo primero que nos impactó.

  A punto de sonar las doce campanadas, tomamos posiciones, sabedores de la costumbre que tienen las inglesas de dar besos a diestro y siniestro en esos momentos de euforia. Yo no encontraba una de mi gusto entre tanto rostro pálido, así es que me sorprendió la explosión de júbilo sin haber alcanzado una buena posición . Nada más terminar las notas del “Dios Salve a la Reina” se me colgó una inglesa del cuello y me empezó a besar como una loca. Tenía cerca de 30 años. Al Tercer Oficial, italiano, que estaba junto a mí y era su primer viaje al Reino Unido, casi se le caen los pantalones de la impresión, al ver como se le venía otra encima.

    Bailamos toda clase de danzas, escocesas, galesas y que se yo...fue divertido, pero no veía la forma de librarme de aquella pesadilla de mujer.

    La sala de baile se convirtió en una casa de locos. Por todas partes se veían besos atornillados de larga duración, algunas parejas continuaban besándose en el suelo cuando por efecto de la borrachera, el giróscopo dejaba de funcionarles. A la una de la mañana pude librarme de aquella lapa.

    Al verte libre, las chavalas te cogían, te traían y llevaban como a un muñeco. Besos a diestra y siniestra con sabor a alcohol rancio. Para nosotros aquello acababa de empezar, ellas arrastraban quién sabe cuantas horas de desenfreno. A cada “happy new year” se te abrazaban, te pisaban, te zarandeaban y te besaban hasta sacarte el hígado. Lo malo del caso es que todas las que me achucharon eran bastante callos.

    A las tres de la mañana regresé a bordo. Me divertí mucho a pesar de no haber encontrado algo de mi gusto.

     Me sucedió una anécdota curiosa. Al entrar en la sala había en la calle una chavala muy mona que tenía una trompa tremenda. Al pasar a su lado le ofrecí mi brazo y se agarró a él como si se tratara de un salvavidas. Pagué su entrada y en cuanto traspasó la puerta se dirigió de urgencia a W.C más cercano. Pues bien, entre todo aquél follón de cientos de parejas, me encontró dos horas más tarde, me dio  las gracias y me dijo  “you are a gentleman”.¡Lástima que tuviera pareja...¡

                                                                 Newport, 1 de Enero de 1965
 
Pablo

viernes, 6 de junio de 2014

NOCHE VIEJA

Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero
 



Italianos y españoles en armonía, con un cacereño al mando del bote

                       
 Carta nº 41

 
                 De Takoradi a Newport  (de una carta a la familia)

 
    He pasado la tarde de ayer en  la playa de Takoradi. Una playa realmente preciosa pero cruelmente solitaria a pesar de los 36 grados a la sombra, que soportamos. Tiene una extensión de cerca de 40 kms. y está sembrada de palmeras tropicales y arrecifes en los que rompe la mar dándole en algunas zonas una blancura inmaculada.

    Los valientes nos metemos hasta que el agua nos llega al pecho, los precavidos hasta la cintura y los miedosos se dan “baños tobilleros”, y a la voz de ¡tiburón¡, algunos en vez de nadar corren sobre las aguas. Lo cierto es que el peligro es real y existente, aunque aún no he visto a ningún aborigen que le falte una pierna o un brazo.

    Llegamos hasta la playa a bordo de un bote salvavidas del barco y al varar, se nos echaron encima negros que salían de entre la vegetación y tuvimos que  alejarlos del bote con los remos, temiendo que se nos subieran y nos robaran las provisiones de leche condensada y galletas que llevamos de dotación. El regreso al barco fue muy difícil pues  teníamos viento de proa y el bote salvavidas es extremadamente pesado y no se ciñe nada al viento. Finalmente y luego de muchas bordadas logramos llegar al puerto.

    Al atardecer estuve viendo jugar al tenis y al golf en un club inglés. Pasé un mal rato recordando mi verano en La Coruña. ¡Paciencia¡ solo me quedan cinco meses para desembarcar.

    En el horizonte, las copas verdes de los árboles gigantes, rompen la monótona línea azul. La mar está llana, el calor es sofocante y la humedad insoportable.

    Hemos iniciado  una “regata” contra el reloj, para llegar a Newport el 31 de Diciembre. Nuestra ilusión : ¡Año Viejo en Inglaterra¡

                                          Mar, 14 de Diciembre de 1964

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    Hemos doblado Cabo Palmas y navegamos a lo largo de las costas de Liberia. El sol va quedando inexorablemente por nuestra popa a medida que subimos en latitud e irá disminuyendo su altura meridiana, que ayer alcanzó los 70 grados.

    Hoy, durante mi guardia, he visto pasar rozando el casco del barco a una pareja de tortugas gigantes. ¡Que contraste con el azul del mar¡ Parecían almas gemelas, al ir desapareciendo en las profundidades de estas aguas transparentes.

    Continúa el tiempo esplendido. Todos los días a las diez de la mañana me ducho con agua de mar y tomo el sol en bañador hasta las 12. ¡Hay que llegar morenos a Inglaterra¡ Un “latin lover” que se precie no puede tener un color lechoso ni en Navidad. Hoy hemos ganado en la “regata” 30 millas, lo cual nos garantizaría una llegada a Newport de tres horas antes de Año Viejo. Claro está que este buen tiempo no va a durar siempre...

                                           Mar, 18 de Diciembre de 1964
 
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    Navegamos ya con la proa al norte verdadero.  Mañana pasaremos Cabo Verde.

    Saltó el noroeste, se acabaron los alisios y con ellos nuestras “altas velocidades”. A pesar de todo continuamos ganando millas.

    Esta tarde ha pasado un banco de delfines. Nos han rodeado, han jugado con el barco cruzando bajo la quilla y dando saltos espectaculares, golpeaban con sus colas la superficie del mar, convirtiéndola en agua en ebullición.

Desde el interior del camarote se podían oír los coletazos y costalazos; verlos en sus evoluciones es algo que te deja pasmado por la velocidad que adquieren en sus arreones y en sus inmersiones, y cuando estás en el puente es un disfrute admirar su belleza plástica en sus salidas perpendiculares a la superficie, para después dejarse caer de costado desplazando el agua como si fuera el pantocazo de un barco.

    El eclipse de luna ha sido realmente bonito. No se veía una nube y la luna llena iluminaba la mar como un sol de medianoche. En una hora y media lucieron con más fuerza las estrellas y se hizo noche oscura. La sombra de la tierra le dio una tonalidad naranja, aumentando con ello la percepción de su esfericidad. En el momento del eclipse total, tenía una altura de 80 grados. Desde vuestra latitud la observaríais mucho más cerca del horizonte.

    La mar abandonó su calma a la puesta del sol y ha refrescado. Después de un mes, me he puesto hoy la camisa por primera vez durante la guardia.

                                         Mar, 19 de Diciembre de 1964
 
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    Temporal en las Canarias. La radio habla de olas de 20 metros de altura. Aquí solo nos llega una mar tendida que nos reduce la velocidad, pero nada más.

    Hoy hemos hecho prácticas de abandono de buque. Todo ha funcionado perfectamente. El capitán se quedó sorprendido de mi habilidad transmitiendo en Morse. Esta noche hablé  con la lámpara de señales con un barco alemán que iba a Ciudad del Cabo con pasaje y carga, nos felicitamos las pascuas y... cada cual a su garito. Se encontraba a más de quince millas.

                                          Mar, 21 de Diciembre de 1964

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    Me ha emocionado al oír las voces de los niños del Colegio de San Ildefonso. Me trajo recuerdos imborrables de cuando todos estábamos juntos en Cáceres  y los escuchábamos a través de la Blau Punkt de papá.

    Bajó nuevamente la temperatura; 20 grados a mediodía. Caminamos bien y si continuamos así el Año Viejo en Inglaterra, será nuestro. Hoy la altura meridiana del sol fue de 38 grados, un sol apagado pero que aún quema cuando uno se pone al socaire.

     Esta mañana hemos pescado  40 kilos de bonito. Las rodajas a la plancha con unas aceitunas y alguna especia las prepara nuestro cocinero italiano de lujo.

    Estoy renegrido como si regresase de un veraneo. La mujer del Jefe de Máquinas de 35 años, se ha puesto impresionante. Sin quererlo se te va la mirada a sus ojos verdes, que con el bronceado  han adquirido un mayor atractivo. Es yugoeslava y como todas las de su raza, rubia y esbelta. En la meridiana todos los días sube al puente interesándose por la velocidad y la fecha de llegada a Newport. Habla un italiano muy infantil y nos tiene a todos hipnotizados con sus encantos femeninos...tengo unas ganas tremendas de poner los pies en Inglaterra. 

                                      Mar, 22 de Diciembre de 1964

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    Por el portillo de mi camarote y a unas 10 millas veo bañada por un sol magnífico la ciudad de Las Palmas. A bordo tenemos dos marineros que viven y tienen sus familias en este puerto. De vez en cuando, levantan la cabeza durante su trabajo en cubierta y miran con tristeza  la isla que poco a poco va quedando atrás. Tan cerca y tan lejos...y mañana es nochebuena.
 
                                         Mar, 23 de Diciembre de 1964
 
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    ¡Felices Pascuas¡ antes de irme a la cama os telegrafié.

    He cenado como cualquier otra noche, pues a bordo seguimos la tradición italiana y el festejo se hace el día de Navidad, así es que mientras vosotros estabais  liados con el turrón, yo trataba de dormir imaginándoos alrededor de la mesa y con cierta tristeza en mi corazón.

     Nos cruzamos con algunos barcos que llevan en el puente alto un árbol de Navidad y luces de colores en la toldilla de popa. Nosotros como único gesto, encendemos los focos iluminando la chimenea...somos poco tradicionales los latinos... 

                                      Mar, 24 de Diciembre de 1964
 
(Continuará)

Pablo

 

miércoles, 21 de mayo de 2014

ANÉCDOTA

Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero


 Con el Comandante triestino Cosín en el aeropuerto de Fiumicino 1968
 
Carta nº 40

                                                       (De una carta a la familia)
                                                  A bordo del San Salvador

 

    Llevamos cerca de dos meses con nuevo capitán. Embarcó en Génova, es italiano y afiliado al Partido Comunista a pesar de haber pasado cuatro años de su vida prisionero de guerra en Rusia.

 Es un tipo extraordinariamente delgado, descuidado en el vestir, más bien bajo, de buen carácter, pero reservado, desconfiado, fumador empedernido y que llega para sustituir a mi buen amigo el capitán Cosín, también italiano y gran profesional que ha desembarcado por vacaciones.

    A los pocos días de embarcar notamos en él cosas muy extrañas, como por ejemplo que sólo comiera pan y queso, acompañado de solo café y en manera muy esporádica algo de pasta. Como  Segundo Piloto llevo también la contabilidad del tabaco de a bordo y he llegado a la conclusión de que fuma diariamente cinco y hasta seis paquetes de cigarrillos.

    Hace unos días le sorprendí en su mesa de trabajo con un cigarrillo encendido en el cenicero, otro entre el dedo corazón y el índice de la mano izquierda y un tercero entre el  corazón y el anular de la misma mano.

    Al entrar en su despacho me sorprendió de tal forma que le pregunté a “bote pronto”:

“Capitán, ¿los fuma ahora de tres en tres?”

Se miró la mano y como si le hubiera dado un calambre los largó al suelo sobre la moqueta.

    Si esto es sorprendente, lo es mucho más su extraña actitud y comportamiento.

      La puerta del puente de mando del San Salvador - que como Liberty americano está concebido con el mayor pragmatismo – comunica directamente con el despacho del Capitán, por tanto cuando ambas puertas están abiertas, el oficial de guardia puede verle sentado ante su mesa de despacho a una distancia de unos seis metros; en cambio,  y durante la navegación nocturna, el puente siempre permanece a oscuras, por lo que es difícil que desde su mesa pueda ver los movimientos del oficial.

    Todo esto viene a colación porque durante mi guardia, le veía manipular una especie de cinta negra en doble, mientras hacía cálculos sobre un papel. Dejaba el lápiz sobre la mesa y cogía la cinta con los dedos pulgar e índice de su mano derecha, volteándola a veces y otras, con los mismos dedos la hacía girar como una perindola por la doblez. Paraba, depositaba cuidadosamente la cinta sobre sus muslo derecho, volvía a sus cálculos y a los diez minutos repetía la acción así durante el tiempo que permaneciera sentado. Tanta era mi curiosidad por saber que juego era ese, que me decidí a observarle con los prismáticos desde el puente a oscuras, llegando a la conclusión de que era una simple cinta negra y nada más.

    En momentos de niebla o en maniobras de atraque en puerto, desaparecía y se metía en el cuarto de derrota, sorprendiéndole en más de una ocasión con la cinta en ristre que en un santiamén se metía en el bolsillo en cuanto me veía aparecer. Aquello me tenía tan intrigado que no pude aguantar la tentación y un buen día que le sabía lejos de su despacho, entré en él, abrí el cajón en el que  la guardaba después de cada sesión y la tuve por fin en mis manos.

    No era ni más ni menos que lo descrito. Una cinta de seda negra en doble, que de tanto manipularla y girarla se le había formado en la doblez una especie de chupete sucio de tanto manoseo.

    Aún hoy me pregunto el por qué de esa manía en los momentos difíciles o de nerviosismo. En nuestras amigables charlas durante la navegación, solía contarme historias de su cautiverio y me leía párrafos de su adorado libro rojo del “Manifiesto Comunista”. Nunca entenderé que después de sus sufrimientos en Rusia, se hiciera comunista, y es que como dicen en Andalucía, “hay gente pa to”.
 
Pablo

martes, 29 de abril de 2014

VENECIA

Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero
 
 
 
Viaje Venecia-Takoradi (Costa Yugoslava), 29 de Agosto de 1964


 
Carta nº 39

De una carta a la familia

 
    Me hubiera gustado al final de cada jornada transcurrida en Venecia, contaros cuanto había conocido, disfrutado...amado. Pero el tiempo, nuestro inexorable enemigo en cada puerto, me ha impedido llevar a cabo tan sanas intenciones.

    Han sido diez días vividos intensamente y contra-reloj, hasta el punto de tener que aprovechar la playa o  el “vaporetto” que desde el puerto me trasladaba hasta San Marcos, para dormir y poder tenerme en pie...¡una locura, sí, pero qué maravillosa locura¡

    El viaje en sus 4.385 millas náuticas desde Takoradi en el Golfo de Guinea, se desarrolló con absoluta y monótona normalidad  hasta la última singladura, la número 19. En ella y aún con las imágenes selváticas del Africa Occidental en mi memoria, aparecieron por nuestra proa, las cúpulas más altas de la increíble ciudad de Venecia sobresaliendo majestuosas tras un horizonte nítido, casi tangible, en una mañana hermosa y azul. Atrás habíamos dejado el intrincado laberinto de las islas yugoeslavas y el paso entre Visebo y Vis. Dicen que es la isla en la que el mariscal Tito pasa sus vacaciones. Lo cierto es que tiene su emoción pasar rozando las costas de un país al que a los españoles nos está prohibido visitar según reza nuestro pasaporte.

    Lo que en un principio nos pareció un espejismo, una broma cruel de la naturaleza, poco a poco se fue convirtiendo en ese conjunto armónico de luz, arte y color, que es la Villa del León Alado.

    ¡Gracias Dios mío, gracias inmensas...que bueno has sido conmigo¡

    ¡Qué deseos tan grandes de vivir¡ ¡Cuánto orgullo europeista...¡

    ¿Por qué se muere ignorando tanta belleza? Me imagino que por idéntica razón por la que pasamos a mejor vida sin haber leído las obras maestras de la literatura universal, admirado a través de sus cuadros el genio casi divino de tantos maestros del color o sin haber sentido en nuestros oídos la suave caricia de La Pastoral, por ejemplo.

    Venecia es...Venecia es indescriptiblemente hermosa. No existen palabras, ni calificativos capaces de describirla o pintarla. Quizás la música pudiera amalgamar y fundir en una sinfonía, su arte, su arquitectura, su historia, su romanticismo...y dudo mucho que consiguiera, a pesar de la espiritualidad de aquella, reflejarla fielmente.

    Me daban pena los que en el silencio sobrecogedor de sus canales, no podían sentir en aquellas noches cálidas y de cielos estrellados, los latidos cercanos de un corazón femenino, ni podían ver en los ojos de una austriaca de Innsbruck, los Alpes eternamente nevados, ni en la oscuridad sentir en sus labios el sabor salado con que todo se impregna en el Adriático.

    Me daban lástima cuántos no pudieron escuchar desde lo alto del Campanil, la música de Rossini que subía intacta desde la plaza hasta lo más alto de la torre. Ni acariciar sus enormes campanas de bronce, ni contemplar el fabuloso escenario en el que los siglos parecían dormir encantados por la batuta del mago que dirigía la orquesta allá abajo.

    Sentí lástima también por quienes no pudieron ver aquella majestuosa ascensión del sol tras el verde, rosa y oro de San Marcos mientras sus torres lanzaban al aire mil acordes de bronce, rompiendo con su estruendo la diáfana mañana...

    ¡Cuánta felicidad y cuánta amargura¡

    Cuando mi barco en su búsqueda de la salida al mar, pasaba ante San Marcos y el Palacio Ducal dejando lentamente por su popa, La Salute, San Giorgio, Murano ...cuando la última paloma se llevó prendida en sus alas la última nota de aquellas campanas, con ella y confundida en apretado abrazo se fue gran parte de mi alma. Había sido todo tan bonito que me pareció despertar de un sueño en el momento en que por nuestra proa solo había agua y solo agua.

    En un instante afluyeron a mi mente y en desordenado tropel mil cosas  que nunca podré olvidar. Sus ojos, sus manos, sus labios, sus cabellos...cada fuente, cada callejuela por donde había pasado con ella en nuestro afán de conocer los lugares más pintorescos y románticos, ligados a esos momentos que dejan huella perenne en nuestro corazón, los que solo el silencio puede describir.

    Atrás quedaban los baños en el Lido, el Lacrima Christi en copas de Murano, nuestros paseos por el Gran Canal, los cafés en San Marcos escuchando las “orchestrinas” o el amanecer en las escalinatas de La Salute...

    He sentido como el mundo se me venía encima...todo había terminado, no la vería más, no podría volver a besarla, ni oiría el tono dulce de su voz, ni sentiría en mis ojos la caricia de su mirada...¿por qué Dios mío, rodeado de luz, solo veo tinieblas...? Daría cualquier cosa por unas palabras de consuelo...mientras tanto la hélice gira y gira sin piedad poniendo millas y millas de por medio.

 Pablo

 

miércoles, 23 de abril de 2014

DE UNA CARTA FAMILIAR

Autor:
Pablo Romero Montesino.Espartero
 
 
 
Viaje del Congo a Francia, Abril de 1963
 
Carta nº 38 
    

    Hace cinco días que dejamos atrás las costas congoleñas y aún nos encontramos cruzando el Golfo de Guinea y a unos siete días de Sierra Leona. Tenemos exactamente un grado de latitud norte. Los días se suceden uno tras otro con una ligerísima brisa casi imperceptible, que no llega siquiera a rizar la mar. Cinco días sin ver un solo barco en una soledad que te hace recapacitar sobre muchas cosas de la vida.

    Ayer nos visitaron  cientos de mariposas de los más exóticos colores, arrastradas sin duda por la brisa del nordeste-el Alisio-. Parece mentira que puedan llegar hasta nosotros vivas, después de volar más de seiscientas millas marinas.

    Esta tarde nos cruzó la proa un banco enorme de bonitos, que convirtieron la mar en agua en ebullición. Por espacio de media hora nos amenizaron con sus saltos, encendiendo sus lomos brillantes al darles el sol en su piel mojada. De haber llevado calados los aparejos habríamos hecho buenas capturas para el cocinero.

    Durante mi guardia me subo al puente alto y me ducho con una manguera de agua salada, dejándome secar por la deliciosa brisa, hasta que mi piel se queda salpicada de salitre. Miro a mi alrededor y pienso que el sol que me baña, solo a mi lo hace en sabe Dios cuantos miles de kilómetros cuadrados de Océano Atlántico. Al atardecer me voy a proa a contemplar la puesta de sol. Echo una pierna por babor, la otra por estribor y agarrado al torrotito me dejo mecer por las suaves cabezadas del barco, mientras mi vista se pierde en el inalcanzable horizonte. No se oye más ruido que el del agua al ser cortada por la proa de nuestro Navidad.

    Cada día que pasa, como llevamos rumbo casi oeste, el sol se retrasa en su ocaso casi quince minutos, lo cual quiere decir que mañana ya no podré disfrutar de él, pues a las ocho debo estar en la cama.

    Hoy hemos pasado junto a un gran pesquero ruso parado en espera posiblemente de calar sus redes. Había en cubierta gran número de “socialistas rojos”. Lo de rojos es por el color de la piel, todos están quemados por el implacable sol del trópico y deben estar sufriendo lo suyo.

    A propósito de Rusia. El Capitán que es un genovés socialista convencido, y que a lo largo de sus treinta años de navegaciones ya no le queda rincón del mundo por conocer, ha estado en varios puertos rusos en diversas ocasiones y cuenta cosas interesantísimas sobre los países del “telón de acero”. Dice que el comunismo es el cáncer de la sociedad. Me gusta oírle hablar de la democracia y del socialismo, pero de cuanto me cuenta lo que más me entusiasma son las anécdotas de sus viajes y sus vivencias durante la Segunda Guerra Mundial a bordo de un petrolero. Cada vez que salían a la mar camino de Trípoli desde el sur de Italia, tenían la convicción de que les atacarían los submarinos ingleses y que eran los partisanos italianos los que informaban a los aliados del rumbo de cada convoy.

    Siente gran simpatía por España pero no por su gobierno. Os transcribo uno de sus pensamientos que me ha hecho leer:

    “El hombre debe ser libre y saber administrar esa libertad, pues en ella se basa la grandeza y el desarrollo de un país. Todo Gobierno que se tenga por tal, debe preocuparse primordialmente por la enseñanza y educación del pueblo ya que estos son los verdaderos caminos que conducen a la libertad de pensamiento e ideas. Sin la iniciativa privada jamás prosperará el nivel de vida de una nación” De esto último Rusia es un buen ejemplo, según él.

    Nos encontramos a 100 millas de Dakar en donde entraremos mañana. Nos hemos hecho 2.300 millas desde Pointe Noire (Congo) y nos quedan otras 2.500 millas para terminar nuestro viaje en Le Boucau.
 
Pablo