Pablo Romero Montesino-Espartero

Pablo Romero Montesino-Espartero
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Camarote desde donde fueron escritas algunas de estas cartas-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Con este blog pretendo ir recopilando las cartas escritas por mi hermano Pablo Romero M-E, dirigidas a la familia, durante sus primeros años de navegación tras terminar su carrera de Marino Mercante allá por el final de la década de los años cincuenta, principio de los sesenta-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------.

jueves, 28 de mayo de 2015

CARTA DESDE PORT SUDAN

Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero


A bordo del "Sincerity" presumiendo de mi captura.

 
Carta nº 59
 

 3 de Julio de 1968
 

    Llegamos a este infierno desértico hace hoy una semana y aún deberá pasar otra  para salir de él.
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    Hemos alcanzado los 50º centígrados a la sombra, el aire es irrespirable y la cubierta de acero no la podemos pisar si no es con calzado de suela gruesa porque se abrasan materialmente nuestros pies. Ayer sufrimos una tormenta de arena, la visibilidad se redujo a pocos metros, se hizo casi de noche y en pocos minutos la pintura blanca del barco se puso de color rojizo. Las operaciones de carga del barco quedaron suspendidas hasta que pasó la tempestad.
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    La miseria, el hambre y la suciedad están por doquier. Algunos de los negros que trabajan en las bodegas son caníbales, según los ingleses que trabajan en las oficinas del consignatario de la naviera. Llevan unas melenas de pelo muy rizado que se cardan durante los descansos, con unos peines de madera de agujas muy largas, que hacen que la cabellera aumente de volumen hasta alcanzar proporciones inverosímiles. Algunos parece que llevaran un gran cesto en la cabeza.
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    Estos árabes son muy altos, mal encarados, sucios,  y te roban al menor descuido. Sus vestimentas, que algún día fueran blancas, tienen el color de la mugre y tan solo dejan ver los pies calzados con sandalias de cuero y sus asquerosos talones  desnudos.
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    Las mejillas las tienen desfiguradas de las cicatrices que les identifican con su tribu, y se ponen furiosos si intentas hacerles una fotografía. Hace dos días bajé al muelle para echar un vistazo a los calados del barco y vi a uno de ellos que estaba sentado en unos sacos de los que estábamos cargando. Me llamó la atención su aspecto bonachón y me acerqué a él para preguntarle que significaba el brazalete de cuero que llevaba en el brazo, con una especie de recipiente de madera ligado a él. Inocentemente, se me ocurrió la idea de acompañar la pregunta con el gesto, llegando a tocar suavemente lo que me pareció un adorno cilíndrico. ¡Jamás lo hiciera¡ Me echó una mirada amenazadora gritándome algo ininteligible, que me causó una impresión muy desagradable. Subí a bordo, y el capataz de la carga, un armenio que hablaba muy bien inglés, me dijo que lo que llevaba en el cilindro de madera, eran  cenizas de un ser muy querido para él y el solo hecho de que lo hubiera tocado un cristiano, no le dejará dormir en mucho tiempo.
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    Es impresionante de que forma se cargan sacos de sesenta y cinco kilogramos sobre el costado y lo trasladan desde el centro de la bodega hasta el fondo de ella. Por más que les explicas que se podían ahorrar mucho trabajo si balancearan el cable de la grúa para depositar la izada lejos de la vertical, no lo entienden.
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     Cuanto rodea a Port Sudán es arena. El primer día fuimos a dar una vuelta con el agente de la naviera y vimos el lugar donde se reúnen las caravanas que van a Khartoun. En el área de reunión habría más de mil camellos desdibujados por la tremenda polvareda y cientos de árabes cocinando con los excrementos de los animales. El olor fétido de sus fogatas, mezclado con el de la  suciedad y miseria de sus enseres y tiendas, hacían peligroso el respirar aquél ambiente y una vez visto el espectáculo nos alejamos sin tan siquiera bajar la ventanilla del coche.
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    Es asombroso como puede existir tanta diferencia con Arabia Saudita, no cabe duda de que el petróleo está mal repartido en el mundo árabe.
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    Poco antes de dejar Jeddah, nos dijeron los ingleses, que los viernes, después de las oraciones del santón tenían lugar en la plaza  las ejecuciones públicas. Unos marineros presenciaron la amputación de la mano izquierda de un ladrón. Volvieron con la faz demudada y uno de ellos vomitando por el camino. La descripción que hicieron fue tremenda y aun me dura la impresión que me causó.
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Nos sentimos prisioneros en nuestro barco y no vemos el momento de abandonar Sudán.
 
El día 17 de este mes saldremos para Italia a donde esperamos llegar a finales de agosto. Tendremos en el viaje 20 días de invierno puro, 6 de trópico y 20 de verano.

Pablo


 

martes, 5 de mayo de 2015

CARTA DESDE JEDDAH

Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero


Sextante en mano observando la meridiana tocado con fez tunecino

  

 Carta nº 58                    


    Arabia Saudita, 25 de Junio de 1968
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    Finalmente llegamos al “puerto deseado” después de 1.024, 42 horas de navegación sin escalas. El calor es asfixiante y solo gracias al aire acondicionado se puede respirar. Por las tardes la brisa limpia el ambiente y solo cuando el sol se sumerge tragado por las aguas del Mar Rojo, se puede permanecer en la cubierta del barco. Tenemos la lancha a motor en el agua y todos los atardeceres salimos a pescar a los arrecifes de coral. Las aguas someras nos permiten disfrutar de la belleza indescriptible de estos  arrecifes coralinos, que vemos a través de una especie de cubo con el fondo de cristal. Bañarse en estas aguas es suicida, pues los tiburones están por todas partes. Cuando entramos en puerto, los veíamos tras la estela de nuestro barco devorando los desperdicios de comida que echábamos por la borda, y hace unos días a un pescador que estaba sentado en el muelle con las piernas colgando, se lo llevo uno y no dejó del  pobre más que un rastro de sangre por todo el puerto.
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    Me han sorprendido las costumbres de los saudíes, tan diferentes a las del resto de los árabes  del Africa septentrional.
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    Es gente de carácter muy serio, trabajadores y lo más inaudito de todo: honrados.
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    En Egipto, Túnez, Marruecos etc. te persiguen por las calles pidiéndote cualquier cosa y al menor descuido te dejan desnudo. En los camarotes entran a robar cuando duermes y son verdaderos pelmas como vendedores. Aquí en cambio, todo está abierto. Las mercancías valiosas que descargamos, como televisores, comestibles, automóviles de lujo etc. permanecen en el muelle sin vigilancia alguna y dado que no llueve nunca, a la intemperie. Ni un solo árabe merodeando por los pasillos del barco, ni entre las mercancías. Les ofreces un cigarrillo y se niegan a cogerlo. En fin algo que si me lo hubieran jurado no lo habría creído jamás.
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    El por qué de todo esto es sencillo. Las leyes saudíes son muy severas. Por un hurto de un reloj o una pluma, la pena es la amputación de un dedo de  la mano izquierda, pudiendo aumentar el número de amputaciones dependiendo del valor de lo sustraído, hasta la pena capital por decapitación en la plaza de Jeddah ante todo el que quiera presenciarlo. Si por ejemplo has golpeado a una persona con un palo, la pena es ser golpeado con el mismo palo y en doble medida que sufrió la victima. Si has matado con un cuchillo, te pasan a mejor vida con el mismo cuchillo, clavándotelo en la misma parte del cuerpo en la que lo fue el agredido. Fornicar no estando casado significa un año de cárcel y el adulterio se castiga con la decapitación de la fémina o la lapidación en según que orilla del Mar Rojo te coja.. En cambio, y esto si que tiene su qué, el hombre importante o poderoso, lleva siempre con él a un crío de 12 ó 13 años, que los italianos llaman diaboletto , y que no es otra cosa que un amante . De donde se deduce que la pedofilia aquí no es punible. La mayoría de la población es muy rica debido al petróleo. Poseen automóviles lujosos y viven en mansiones de las mil y una noches. La ciudad está  rodeada por el desierto y cuando te desplazas en taxi por la periferia, los camellos y las cabras se entremezclan con los Mercedes y los Cadillacs más impresionantes.
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    Las mujeres escasean y las que se dejan ver van tapadas con velos negros que no dejan un ápice de sus cuerpos al aire libre. De vez en cuando hacen alarde de su posición social, mostrando sus antebrazos cubiertos de pulseras de oro y brazaletes hasta el codo, y su piel, a diferencia de la de los varones, es blanca como la leche, supongo que porque jamás les da el sol.
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    Los hombres visten unas túnicas blanquísimas con cordones negros en la cabeza y se pasean para arriba y para abajo en sus soberbios coches acompañados del diaboletto  vestido también de un blanco impoluto.
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    La calle principal de Jeddah es algo así como nuestra calle de Pintores, pero un poco más larga. En ella se encuentran las mejores joyerías del mundo árabe. Pero lo que más llama la atención es ver como  a uno y otro lado de la calle, los comerciantes exponen sobre alfombras persas, lingotes y monedas de oro, objetos de marfil, pulseras sortijas de brillantes, diamantes a granel, esmeraldas y toda clase de relojes de oro de las marcas suizas más selectas. Siempre el oro por doquier. Pero lo más sorprendente es que cuando llega la hora del cierre, meten todo el tesoro en una caja fuerte y se van a sus casas, dejando  la caja en el suelo de la calle sin absolutamente ningún sistema de fijación ni de vigilancia.
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    A pesar de ser Jeddah una ciudad con los mejores hoteles del mundo, no hay un solo bar, ni una sala de cine, ni nada que se le parezca. El alcohol está prohibido y las diversiones abolidas dada la escasa distancia a la Meca, ciudad prohibida para un cristiano.
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    La hora oficial difiere  a la nuestra en casi doce horas. Ellos al ocaso ponen sus relojes a las doce y es precisamente cuando el santón empieza sus rezos desde una  torre inclinada, situada en el centro de la ciudad. Solo los hombres rezan.
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    La única diversión que nos podemos permitir, es meter en el agua una pequeña embarcación a vela y alejarnos unas millas del puerto para pescar o disfrutar de la navegación a vela. La brisa que suele soplar de poniente a la caída de la tarde, suele darnos velocidad y sobre todo aire que respirar. Si de repente cambia la dirección del viento, la atmósfera se hace irrespirable a causa del polvo en suspensión que viene del desierto. Todos estamos deseando abandonar este país. Lo malo es que nos espera otro aun peor : Sudán.
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Pablo 
     

jueves, 16 de abril de 2015

RUMBO AL CABO DE BUENA ESPERANZA (III)

(Tercera parte)
 
Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero
 
En el cuarto de derrota del "Sincerity"


 
Carta nº 57
(Continuación de la 55 y 56)                      
 
  Al este de Tanganica, 10 de Junio 
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    De nuevo hemos pasado a la costa africana para aprovechar la corriente ecuatorial. El calor ahora es intenso y se respira un ambiente húmedo que casi se mastica. La calma es total, ni una brizna de viento. Los chubascos se suceden unos a otros y parecen que el diluvio universal se viniera sobre nuestro barco. Cuando se aproximan salta un ventarrón acompañado de tales relámpagos y rayos que parece el fin del mundo. Después la calma más absoluta y más humedad.
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                                 Al este de Kenia, 12 de Junio 
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    Pasadomañana llegaremos al estrecho de Bab-el-Mandeb. Ahora navegamos cerca de tierra. La costa es solo una mancha verde oscura salpicada aquí y allá de árboles monumentales. Hemos visto algunas canoas a más de 20 millas de la costa ¡estos negros son marinos¡ pero durante la noche representan un verdadero peligro, pues pescan sin luces y el radar no detecta las pequeñas embarcaciones de madera. ¡Cuántos de ellos se habrán ido al fondo del mar sin que el piloto de guardia se percatara de la colisión¡ En algunas ocasiones durante la noche los hemos oído gritar al pasar cerca de nuestro costado, pero eran gritos de saludo, al menos eso creemos...en ciertas ocasiones navegan en canoas a motor y nos invitan a que paremos para darles agua. En los derroteros ingleses, que no son otra cosa que una fuente de información fidedigna de las costas del Africa, avisan de no caer en la trampa de parar, pues son piratas de esta era, que una vez a bordo asaltan el barco y se llevan lo que pueden, empleando como armas, cuchillos y alfanjes de grandes dimensiones.  
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                               Costa de Somalia, 17 de Junio 
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    Hace dos días pasamos el estrecho de Bab-el-Mandeb, con lo cual nuestro viaje de circunvalación del continente africano está tocando a su fin. Ahora navegamos ya en el Mar Rojo entre islas volcánicas de gran extensión cubiertas de lava  y tierra negruzca en cuanto alcanza la vista.. El calor más agobiante y húmedo, el horizonte invisible debido al vapor de agua en suspensión y el sol que se filtra a través de  tan enrarecida  atmósfera, confieren a cuanto nos rodea  una tonalidad rojiza entre tenebrosa y fantasmagórica que te hace pensar si tras eso no estará el mismísimo infierno de Dante. Se respira con mucha dificultad. Las planchas blancas del barco están tomando un color ocre del polvo que  proveniente del desierto en  un vuelo de cientos de millas, se pega a las paredes y a los cristales. La soledad es absoluta y cuanto alcanza nuestra vista es un paisaje desolador en el que ni los reptiles pueden sobrevivir. Solo el blanco de la espuma que produce nuestra proa al cortar el agua, rompe el cuadro siniestro de nuestro derredor.
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    Islas, escollos, bajos de coral se suceden en continua procesión. Zonas inexploradas por los oceanógrafos y cartógrafos ingleses, en cuyas cartas náuticas la palabra unexplored aparece por doquier. Las islas  presentan manchas blancas debido a que las arenas transportadas por el viento en las tempestades, se acumulan en sus laderas orientadas al desierto Arábigo, tras haber volado millas y millas sobre las aguas del Mar Rojo. 
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                                 Arabia Saudita, 18 de Junio 
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    Hoy y después de 42 días de viaje sin escalas, han picado dos peces gordos. Ha sido muy emocionante. El primero que pesó 18 kilos, cayó en mi guardia al amanecer. Salí como un rayo hacia popa dejando en el puente solo al timonel, después de ordenarle que metiera el timón todo a una banda para frenar la arrancada del barco y evitar que al pez se le rompiera la boca por efecto de la velocidad del “Uje”. Mientras corría, gritaba al pasar por la cocina por si estuviera levantado a esa hora el cocinero. Nadie me oyó. Llegué a popa con el corazón en la boca y lo fui cobrando en un tira y afloja que duró más de diez minutos. A todo esto el barco seguía girando con todo el timón a la banda y el timonel asomado en el alerón del puente viendo si terminaba la faena para volver a rumbo. Ha sido un ejemplar precioso de lucio real y  al que el cocinero napolitano - gran cocinero y mejor persona- le ha hecho toda clase de festejos.
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    Ha funcionado también mi sistema de alarma, consistente en un hilo de nylon de unos cien metros de longitud que desde una falsa amarra en la línea que lleva el anzuelo, viene hasta el puente a un artilugio que aún no he “patentado” y que cuando pica el pez, el tirón hace que se deshaga la falsa amarra, el cabo del anzuelo tire del hilo de nylon y éste abra un interruptor que enciende la luz  del timonel.
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    La mujer del Capitán -que viaja con nosotros-, un día si y otro también  le decía al camarero en plan irónico:
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“Qué el cocinero tenga todo preparado para cocinar el pez que  el Chief Officer va a pescar hoy”
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Después de tantos días de viaje con los anzuelos en el agua sin cobrar ni un pez volador, aquella sorna hería mi orgullo. Esta mañana cuando ha visto el ejemplar me ha dicho:
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Chief, no deje de avisarme la próxima vez que pique otro, quiero filmar con el tomavistas la faena”
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Hemos comido dos días pescado fresco toda la tripulación para regocijo del “cuoco” por cuanto significa también de ahorro para la “gambuza” del barco.
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     En estos momentos  navegamos cerca de la costa oriental del Mar Rojo y paradójicamente nos encontramos a menos de 2.000 millas de Trieste, de donde partimos hace ahora 42 días. Mañana finalmente llegaremos  a Yeddah, puerto situado a escasos kilómetros de la Meca, y al que de haber estado abierto el Canal de Suez, habríamos llegado en tan solo siete días. 
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Pablo.
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lunes, 6 de abril de 2015

RUMBO AL CABO DE BUENA ESPERANZA (II)

(Segunda parte)
 
Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero
 
 
Doblando el Cabo de Buena Esperanza en un Mercedes


Carta nº 56
(Continuación  de la carta nº 55)
 
29 de Mayo
 
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    Esta mañana cruzamos el paralelo 23 grados sur, dejando atrás la zona ecuatorial, por tanto estamos en pleno otoño austral. ¡Adiós amada primavera boreal, hasta dentro de 14 días¡
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    Del pantalón corto pasamos al largo y al jersey de punto, pues con los 23 grados de latitud sur, también nos han llegado 16 grados centígrados, que así de golpe y porrazo se notan. Desde que salimos de Trieste hemos tenido amaneceres a las más diversas horas; desde las 4 de la mañana a las 9 en que nos amanecía en Dakar. Ahora lo hace a las 7 y cuando estemos en Madagascar lo hará a las 3. No me digáis que no es divertido. Algunos marineros -que de astronomía saben bien poco- se vuelven locos queriendo descifrar el misterio y se preguntan ¿ por qué ayer cuando me levanté a las 7 era completamente de noche  y hoy a la misma hora, luce el sol? En cambio ninguno se percata de como el astro rey ha llegado un día a culminar en nuestro cenit desapareciendo las sombras en ese instante; ni de cómo nuestra estrella Polar un buen día dejó de verse sobre el horizonte como lo venía haciendo antes de cruzar el ecuador, o la presencia por nuestra proa de estrellas como Rigel Kent, Acrux, Alfa del Centauro, Canopus, las más hermosas del hemisferio austral, y que han ido apareciendo tan silenciosamente como desapareció del firmamento nuestra amadísima estrella Polar.
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        Al sur del Cabo de Buena Esperanza, 2 de Junio
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    ...y la astronomía no falló...tampoco lo hizo mi sextante Plath. Con un retraso de casi doce horas debido a la fuerte marejada, esta mañana a las 7 dimos vista a ese punto que divide los dos océanos y marca el fin del continente africano. La costa es realmente espectacular, montañosa, escarpada y sin alguna vegetación debido al azote de los vientos y temporales que durante todo el año la castiga. Esta mañana y como doblamos el cabo en mi guardia, me cupo el honor de recalar en él para más tarde dar rumbo hacia el  canal de Mozambique. He sentido una sensación extraña mirando la Cruz del Sur; pensar que probablemente en ese instante entre el Polo Sur y el cabo, los únicos seres humanos éramos nosotros. Parece una idiotez tal pensamiento, pero lo cierto es que sobrecoge  el ver esa mole por babor y por estribor un océano en el que su orilla opuesta son los hielos antárticos.
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    La temperatura ha bajado a 9 grados y hemos encendido la calefacción. El capitán dice que hace dos años vio focas apareándose en esta época del año. De momento nuestros únicos acompañantes son los albatros volando a escasos centímetros del agua sin mover un ala y picando a veces con sus extremos  las crestas de las olas. Nos acompañan durante días, duermen en el agua, alcanzándonos de nuevo al alba después de volar  más de doscientos kilómetros tras nuestra huella.
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     En Trieste cargamos en cubierta cincuenta Mercedes 280 S para los adinerados saudíes. Cuando empezó el buen tiempo, cada tripulante eligió su coche para disfrutar en las horas de ocio de las ventajas que ofrece el navegar sobre ruedas...ajenas.
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    Yo tengo en usufructo uno negro precioso en el que escucho buena música, y tomo el sol gracias a su techo corredizo, que te permite en las noches de estrellas, soñar con los ojos abiertos y colmar tu ánimo con las distancias infinitas del firmamento austral. No creo que haya muchos mortales, que hayan doblado el Cabo de Buena Esperanza a bordo de un soberbio Mercedes, éste cacereño, sí.
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Al doblar el cabo llevábamos recorridos 6.907 millas desde Trieste en 26 días de mar sin escalas. Nos faltan 4.600 para llegar a nuestro destino, es decir, unas dieciocho singladuras 
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                           Al oeste de Madagascar, 7 de Junio
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    Desde el Cabo de Buena Esperanza hasta Mozambique, hemos navegado  a media milla de la costa con objeto de evitar la fuerte corriente de las Agujas, que alcanza hasta 5 millas por hora. Han sido tres días interesantísimos pues nos ha permitido disfrutar muy de cerca el paisaje costero, tan de cerca que podíamos ver a los nativos y sus hogueras en las playas. Por otro lado ha representado un gran esfuerzo para los pilotos y un estado de nervios muy grande, pues navegar  tan próximos a la costa es muy peligroso ya que no hay faros y nos debemos guiar únicamente por el radar, de cuya pantalla no levantábamos la cabeza ni un minuto.
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    Las cabañas salpican el paisaje por doquier, un paisaje de un Africa para mi desconocida, de altas montañas y verdes colinas, te hacen imaginar que navegas por aguas del norte de Escocia, especialmente en las costas sudafricanas. De noche, ni un faro, solo alguna que otra luz mortecina de alguna cabaña y la luna que afortunadamente nos acompaña y que define la costa dándole un matiz más misterioso aún. Con viento de poniente, podíamos escuchar las voces de los negros y oler el humo de sus fogatas.
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    Hace dos días cortamos la corriente de las Agujas, navegando desde la costa oriental del continente a la occidental de Madagascar, de esta manera evitamos llevarla de proa, ganando dos nudos de velocidad. De nuevo volvimos al pantalón corto y al aire acondicionado. En estos momentos pasamos al través de una isla de corales que se llama Ilha das Indias.
 
Pablo.
 
(Continuará)

viernes, 20 de marzo de 2015

RUMBO AL CABO DE BUENA ESPERANZA

(Primera parte)

Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero
 
Mi primer lucio real


Carta nº 55
De una carta a la familia, 25 de Mayo
 

Después de haber dejado atrás el Estrecho de Messina, Gibraltar y Dakar, nos encontramos a tan solo dos horas de la línea ecuatorial y navegamos hacia la isla de Santa Elena que avistaremos dentro de cinco días. Hemos hecho 3.400 millas desde nuestra salida de Trieste, en 13 días de mar en los que nuestras máquinas han funcionado sin problemas a pesar de las altísimas temperaturas. El personal de máquinas ha tenido que sufrir guardias a cerca de 50 grados centígrados, mientras en el puente la brisa nos acaricia haciendo las delicias de Piloto y timonel. La mar siempre cruel, para unos lo es más que para otros...a veces.

El tiempo es hermoso y paso el día tomando el sol, jugando al ping-pong y dándome duchas de agua salada. Pero mi diversión favorita es la emocionante espera-al alba y al crepúsculo- en que calo mi aparejo de pesca. A la altura de Dakar se me escapó un buen ejemplar de lucio real. Hasta hoy no he cobrado nada pero ya caerán...

Ayer fue un día de grandes acontecimientos. Cruzaron nuestra proa un banco de miles de delfines que hacían que la mar pareciera que estuviese en ebullición; también avistamos una pareja de ballenas que placidamente tomaban el sol y un tiburón martillo que rozando el costado del barco, ni tan siquiera movió un músculo a nuestro paso. Los delfines nos rodearon y los saltos, cabriolas y zambullidas nos mantuvieron a la tripulación contemplando el espectáculo durante casi media hora. Algunos de ellos se colocaron a proa y parecía que dijeran : ¡alcánzanos si puedes¡ Al paso del banco, los peces voladores despegaban del agua huyendo en todas direcciones como si hubieran visto al mismísimo diablo.

Hoy a mediodía nos faltaban 8.120 millas, o lo que es lo mismo 30 días de navegación hasta Yeddah en Arabia Saudita.
 

Isla de Santa Elena, 25 de Mayo

Hubiera dado cualquier cosa por visitar la isla en la que muriera Napoleón en su cautiverio, pero esta mañana se perdió en el horizonte tan misteriosamente como apareció a nuestra vista. Desde Cabo Verde navegábamos en demanda de un punto en medio del Atlántico Sur con una historia importante, pero que cuando llegamos a él nos pareció irrelevante. En la carta no es más que una latitud y una longitud a casi 1.500 millas de la tierra continental más cercana. Su población es de tan solo 800 habitantes. Con una costa inaccesible y que carece de un puerto seguro; es visitada mensualmente por un barco que debe fondear a 2 millas de la costa. Las operaciones de aprovisionamiento a la isla se efectúan por medio de botes y barcazas cuando el tiempo lo permite. Cualquier barco es siempre bien recibido y a los que pasamos de largo, pero acercándonos a“curiosear”, los isleños nos saludan desde los acantilados.

Todos los oficiales están admirados con mi sextante Plath y los buenos resultados que obtengo con él. Al poco de ocultarse el sol, el sistema óptico Zeiss me permite ver algunas estrellas de primera magnitud casi de día y los planetas como Júpiter y Venus los puedo observar en combinación con el sol y la luna.

Nuestro próximo avistamiento de tierra será dentro de seis singladuras en que si la astronomía no falla deberemos avistar por nuestra proa el Cabo de Buena Esperanza a unos 3.500 kms. de nuestra situación actual. La única novedad a parte nuestro encuentro con Santa Elena es el alisio. Saltó un día después de cruzar el ecuador y continua soplando del SE. Es una delicia su suave caricia que además hace brillar de manera especial el firmamento más grandioso que podáis imaginaros.

Pablo

(Continuará)

lunes, 9 de marzo de 2015

LOS ALPES

Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero




Carta nº 54
De una carta a la familia
                           

 

    El sábado a mediodía dejé Trieste en compañía del Radio que es italiano y conoce bien todo el Veneto. Alquilamos un Mini en el que creo haber hecho los kilómetros más bonitos de mi vida pasada y posiblemente también futura. Mientras rodábamos por la carretera que va de Cortina D´Ampezzo al refugio de las Tres Cimas de Lavaredo agradecí una y mil veces a mi Dios el haberme permitido contemplar tanta belleza. No podía imaginar que la naturaleza pudiera ofrecer espectáculo tan grandioso. Desde aquél refugio situado a 2.400 metros de altitud he pensado mucho en vosotros, especialmente en papá y Pedro Luis, hubiera dado cualquier cosa por tenerlos a mi lado.

    El Paso de las Tres Cruces, el lago Misurina, Cristallo y Cortina D´Ampezzo , la Marmorada, son nombres todos ellos dolomíticos que de ahora en adelante tendrán un significado grande para mi. Para llegar al refugio de las Tres Cimas de Lavaredo tuvimos que subir por un camino flanqueado por paredes de tres metros de nieve, por el que nuestro Mini pasaba rozando su carrocería. Cuando alcanzamos el refugio, el sol empezaba a declinar y por entre los picos nevados  del Monte Paterno  los rayos de un  sol entre nubes, le daban al macizo un aspecto casi fantasmagórico. Nos sorprendió la tremenda soledad de aquellos parajes. Ni un ser humano, ni un animal, nada, solo roca, nieve, hielo y agua del deshielo primaveral transcurriendo lentamente camino de los valles de Auronzo di Calore.

    Pasamos la noche en un hotel de interiores tiroleses situado a orillas del lago Misurina completamente helado y en el que las luces de nuestros faros rebotaban como si de un espejo se tratara. Me llamó la atención la especie de colchón de plumas que en lugar de sábanas y mantas te colocan en la cama. Es muy confortable y abrigado, pero no entiendo como pueden lavarlo.

    Por la mañana cuando me asomé a la ventana, pude contemplar asombrado la cadena montañosa de los Dolomitas con su cumbres iluminadas por los primeros rayos de sol  y a sus picos teñidos de una tonalidad rosada que incrementaban  su grandiosidad.

    En Cortina D´Ampezzo estuvimos bailando en un albergue de montaña. Había un buen ambiente de deportistas. Nos sentimos un poco como extraterrestres entre toda aquella gente vestida con prendas de colores y gorros de esquiar y la verdad sea dicha, no nos comimos una rosca. Todo esto ha sido como el “Adios a la vida”. Dentro de tres o cuatro días dejaremos Trieste con nuestro barco cargado de valiosas mercancías –entre ellas cincuenta coches Mercedes- para el puerto de Jeddah en Arabia Saudita al que esperamos llegar después de cuarenta y dos días de navegación, por la ruta del Cabo de Buena Esperanza, ya que el Canal de Suez sigue cerrado al tráfico por la cantidad de barcos que fueron hundidos para obstruirlo en la guerra contra Israel.

Pablo
 

                                                                               Trieste, 29 de Abril de 1968

jueves, 26 de febrero de 2015

CARTA DESDE CHIPRE

Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero


De guardia en el "Monte Urbasa"
 
 

 
Carta nº 53
De una carta a la familia

 

    Os escribo estas líneas desde Vasilikos en la costa sur de Chipre, puerto al que hemos llegado de “rebote” para cargar 12.000 toneladas de piritas con destino a Rótterdam.

    Desde que entramos en el Mediterráneo veníamos escuchando en la radio la grave situación política de preguerra en que se encuentra Chipre, especialmente la costa norte, que es precisamente en la que se sitúa Karovastasia,  puerto en el que deberíamos haber cargado  de no haber sido por los acontecimientos. El capitán, tan pesimista para otras cosas, quitó importancia a las noticias que veníamos escuchando en la BBC, según las cuales, cuatro destructores turcos, estaban a escasas millas de la costa esperando ordenes de Ankara para iniciar un bombardeo de las posiciones grecochipriotas de la zona en la que se encuentra Karovastasia.

    Yo oía por la BBC como el secretario general de la ONU el señor  U Thant y el secretario general de la NATO Cyrus Vance iban de Ankara a Atenas y de Atenas a Ankara varias veces al día para negociar el que los turcos no bombardearan la isla. A pesar de todo y del consejo de los oficiales, el capitán no quiso ponerse en contacto con el armador para explicarle el peligro que entrañaba el que nos cogiera el conflicto cargando el barco sin posibilidades de escape. Seguimos adelante y el pasado día 20 llegamos a la rada de Karavostasia.

    El puerto estaba vacío, no se veía actividad alguna y en cambio cuando miramos con los prismáticos a las montañas cercanas vimos con asombro la cantidad de banderas de la ONU, griegas y turcas diseminadas por los montes fortificados.

    A través de la radio enviamos un mensaje a nuestros agentes en Nicosia, en el que el capitán preguntaba cuando llegarían a bordo las autoridades portuarias. No hubo respuesta, pero al cabo de cuatro horas de espera angustiosa, vimos aparecer una lancha con cinco hombres a bordo, todos ellos vestidos de caqui y armados con fusiles. El jefe de ellos, sin grado ni insignias militares, nos gritó a los que estábamos en el puente:

 “Estamos esperando un bombardeo...¡váyanse¡ ¿No escuchan la radio?”

  En cinco minutos, empezamos a virar el ancla y en una hora estábamos a ocho millas de la costa con las máquinas paradas en espera de órdenes.

    Por fin el capitán telegrafió al armador explicándole la situación y éste le contestó.

 “Diríjanse al puerto de Vasilikos, al sur de la isla para cargar el tonelaje previsto”.

    Aquello supuso un alivio y como zorra que chupa limones, salimos hacia nuestro nuevo punto de destino.

    Han pasado seis días desde que llegamos a Chipre y  todo sigue en una calma tensa Hoy hemos tenido invitados  a varios militares de la ONU. Nos juntamos en dos mesas italianos, españoles, austriacos, australianos y grecochipriotas. Comimos, bebimos y reímos lo que no está escrito. Nadie diría que les preocupe para nada la bomba explosiva encima de la cual están obligados a sentarse a diario.

    Ayer hice una excursión turística. Me subí a lo alto de un monte y me llevé la agradable sorpresa de encontrarme con las ruinas de un teatro griego. Me senté en las gradas y dejé volar mi imaginación. Silencioso, representé mi papel de único espectador de una tragedia griega en la que  el fondo impresionante de un Mediterráneo azul confundiéndose con el añil del cielo, fuera el decorado de la obra. Es realmente triste ver estos paisajes en los que las trincheras abandonadas, flanquean a veces ruinas romanas y griegas, testigos mudos de sangrientas luchas entre griegos y turcos. Estuve por espacio de una hora absorto por cuanto me rodeaba, sin otra compañía que la de alguna gaviota curiosa y di gracias a Dios por haberme permitido disfrutar de tanta belleza.

Pablo                 

                                                                      Chipre, 28 de febrero de 1968